Si Arabia Saudí estaba llamada a ser el garante de la estabilidad en un convulso Oriente Medio, vayan pensando en otra nación que pueda ocupar su lugar. En el país de los contrastes, una paradoja más ha hecho su aparición. Mientras los ingresos por petróleo se disparan acompañando la subida del crudo, los pequeños inversores pierden sus ahorros en un desplome de la bolsa sin precedentes, que está pasando desapercibido para muchos analistas internacionales, pero que va a traer miga.

En efecto, si la bolsa de un país no hace sino traer a valor presente tanto la evolución de su realidad macroeconómica futura como las expectativas de generación de beneficios y cash-flows de las compañías que la constituyen, está claro que el índice Tadawul de la Bolsa de Riad tenía que subir. Arabia Saudí creció, en términos reales, al 6,5% en 2005, favorecido por la entrada ingentes de divisas que la exportación de petróleo ocasiona. Lejos ya del 11 de septiembre, con la situación de Iraq, dramática por cierto y al borde de la guerra civil, olvidada, de momento, el país pasaba a formar parte de la World Trade Organization, iniciaba pequeñas reformas políticas para democratizar parcialmente los ayuntamientos, se acometía por primera vez la lucha contra la corrupción de forma seria y se abría las puertas a una tímida incorporación de la mujer a la sociedad. Todo parecía de color de rosa.

Y las acciones recogieron dicha realidad. El mercado nadaba en liquidez y el aumento de la confianza llevó al índice local a subir más de un 100% en cada uno de los años 2004 y 2005 hasta situar las valoraciones en niveles insostenibles. Y como no podía ser de otra manera, la bolsa empezó a purgar sus excesos. Desde los máximos de febrero de este mismo año, 315.000 millones de euros se han volatilizado en una caída que no parece tener freno y que empieza a preocupar, y mucho, a las autoridades locales.

Y es que el problema no es sólo importante en términos económicos, equivale a 2.5 veces los ingresos por petróleo del país en 2005, sino fundamentalmente en términos sociales. Rememorando los peores tiempos de la burbuja, muchos saudís abandonaron su puesto de trabajo para dedicarse única y exclusivamente a la inversión bursátil. Ayudados por una ingente financiación bancaria, cuyos margin calls han acelerado la caída; por la confianza en unas autoridades que sacaban papel a un mercado estrecho, poco transparente y donde predominaba la información oficial sobre la real; y confiados en la bonanza del país que impediría cualquier sorpresa económica negativa, los ciudadanos a pie invirtieron todo lo que tenían y más en lo que parecía un anticipo del Paraíso en la tierra. Y se fueron, financieramente hablando, directos al martirio.

Y es aquí donde viene lo realmente preocupante. Una población descontenta que había renunciado a mayores reformas económicas y políticas en la medida en que su bolsillo engordaba vuelve a enfrentarse a la realidad de una democracia absoluta de origen teocrático que aparentemente sólo vela por sus intereses y no por los del pueblo. El sistema financiero se tambalea ante la imposibilidad de muchos saudíes de repagar los créditos que les concedieron para la inversión en bolsa. Y los islamistas, que en las elecciones municipales dieron signos de un amplio respaldo popular, están aprovechando la coyuntura para exigir un cambio en el modelo de régimen.

¿Puede dicho cambio estar próximo? No me atrevo a opinar pero les recomiendo que no pierdan de vista lo que ocurre en esa zona del Golfo. El crudo lo último que necesita es que Arabia Saudí se tambalee. Entonces sí que nos íbamos a enterar de lo que es bueno. Aunque la fama de cenizo me empieza a preceder, buen comienzo de semana a todos. No perdamos las buenas costumbres.