ERC se revela cada vez más sorprendente, pues no sólo coincidirá con el PP en su activa campaña y en el voto contra el Estatut, sino que al ser defenestrada del Govern el rostro y los modales agrios y severos que ostenta Carod-Rovira semejan los de Aznar al perder su partido las últimas elecciones.
Pero ahora lo importante es saber qué ocurrirá en el referéndum, radicalizado como también dice ERC. Pero igualmente aliviado, como expresan Mas y los socialistas, porque al margen del tejemaneje de los partidos está lo que piensa la gente y ahí se nota un alivio parecido al que suscitó el entendimiento Mas-Zapatero.
¿Quién se radicalizará? Las famosas bases de ERC, sin duda, y acaso los 200.000 votos convergentes que se les añadieron en los anteriores comicios. Es decir, los que ya están radicalizados. Pero esto ¿provocará también un remonte de CiU? Nunca se había oído hablar tan bien de Artur Mas como hoy. En cuanto a los electores ecocomunistas, seguirán igual. Y si el PSC, con Zapatero, consigue movilizarse de verdad, sobre todo ahora que Maragall ha dado el puñetazo sobre la mesa, lo más probable es que el sí sea mayoritario, pues este partido es el que gana las elecciones generales. En cuanto al PP, sigue aislado, incapaz de convertir sus argumentos en razones políticas inmersas en el trueque general con que, al fin, se resuelve la existencia de las personas y de los pueblos. El PP puede destrozar a España al devolverla a la reacción consustancial. Al igual que ERC dice hoy que el enfrentamiento con España es absoluto y sin excusa, lo que estrellaría a Catalunya contra un muro, de entrada levantado en la misma Catalunya y que ya refleja cada elección.
Si triunfa el sí, pues, vamos con tranquilidad - que pronto se convertiría en intranquilidad- a las inmediatas elecciones. Si triunfa el no, también. Pero con una mayor confusión, o una que sea semejante a la que ha generado el tripartito. Sin embargo, aquí ha ocurrido algo decisivo, que al fin no es el fracaso del Govern de coalición, sino la constatación de una ruptura irremediable a plazo medio entre las fuerzas del catalanismo soberanista, CiU y ERC. El posible triunfo de sus tesis básicas, luego, es imposible, les queda sólo una salida por separado en alianza con partidos estatalistas. Pero se da una alarmante circunstancia: esa solución se saldó con un fracaso para CiU al pactar con el PP y ha acogotado a ERC al matrimoniar con el PSC. Sin embargo, esos juegos pertenecen a la endogamia política y la impresión mayoritaria que parece emanar del país es la de que tanta politización ha decepcionado e irritado a la ciudadanía.

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