La semana en que Evo dejó a Zapatero en evidencia, de Jesús Cacho en Nueva Economía de El Mundo
Semana negra para el presidente Zapatero, cuyas políticas están a punto de quedar en evidencia tanto en el frente de la política interior como de la exterior. La corrupción (Fórum y Afinsa) sigue campando por sus fueros, por no hablar del fiasco del Estatuto de Cataluña, mientras el decreto nacionalizador de Evo Morales en Bolivia deja en el mayor de los ridículos la política exterior española.
Un desafiante Evo Morales quiso el jueves avergonzar a todos los españoles al relatar una anécdota que le ocurrió en el aeropuerto de Barajas, Madrid, cuando apenas era el líder sindical de un país pobre de solemnidad como Bolivia. Resulta que Evo había aceptado una invitación de los sindicatos españoles para asistir a un congreso en la capital de España, y al llegar a Barajas dos agentes de aduanas le exigieron 500 dólares para dejarle entrar en el país. El sindicalista alegó que viajaba a gastos pagados y que no disponía de esa suma, por lo que se acogía a la benevolencia de los policías. Uno de ellos pretendió enviarle de vuelta a casa sin contemplaciones, aunque el otro, más permisivo, terminó imponiendo su criterio de dejarlo pasar, gracias a lo cual Evo pudo asistir a su congreso sindical madrileño.
Es posible que los agentes se limitaran a cumplir la ley que exige a todo turista que llega a España acreditar una cantidad de dinero para entrar en el país, pero resulta incuestionable que Evo relató la anécdota, en los prolegómenos de la IV Cumbre UE-América Latina que este fin de semana ha tenido lugar en Viena, como un caso claro de corrupción policial, la típica mordida a la mexicana, una corrupción que desde el punto de vista del indigenismo irredento enlaza directamente con «el pillaje de 500 años de dominación española en Bolivia», y con el que continuaba haciendo, en opinión de la izquierda radical boliviana, Repsol YPF con las riquezas en hidrocarburos del país hasta que el audaz Evo decidió nacionalizarlas el pasado 1 de mayo. La mayor parte de los periodistas que asistían a la rueda de prensa eran españoles, pero la denuncia de Evo no apareció en la prensa escrita madrileña del día siguiente, viernes 12, por lo que los españoles tuvieron que enterarse del incidente por Financial Times (FT).
También fue FT quien en septiembre de 2005 alertó de lo que ocurría con ese nuevo timo de la estampita llamado Fórum Filatélico (FF) y Afinsa. Los jefazos de ambas son personajes perfectamente ensamblados con la alta sociedad madrileña, apreciados y reconocidos, celebrados incluso por su talento. Basta repasar las fotos aparecidas en los últimos números de la revista FF, presente en la sala de estar de cientos de miles de familias españolas, para darse cuenta del fenómeno: foto de José María Barreda posando junto al ahora presidiario Francisco Briones, reconociendo la labor de mecenazgo de FF; foto de Pepe Bono saludando al responsable del stand de FF en Guadalajara; foto de S.M. el Rey saludando al presidente de FF en el Palacio de El Pardo; foto del patrón del FF, ganador de la regata Príncipe de Asturias, con el Rey; foto de Judit Mascó, madrina del FF; foto de Odón Elorza y Patxi López en el stand de FF en el Salón de Inversión de San Sebastián. Foto de la Infanta Cristina y el Rey saludando a los miembros del equipo de regatas FF. Foto de Alex Grijelmo y Briones firmando en la Agencia EFE un convenio para becas de prácticas a alumnos de Periodismo. Y así hasta la extenuación. Ahora resulta que Afinsa, cuya sede social fue inaugurada con gran pompa por el Rey, está en situación de «absoluta insolvencia», mientras que FF, con un agujero patrimonial de más de 2.400 millones de euros, está en quiebra, hasta el punto de que sus clientes sólo recuperarían el 13% del dinero invertido si se vendieran los sellos que supuestamente respaldaban esas cantidades.
Una enmienda a la totalidad de los sucesivos Gobiernos y de la clase política española, capaz de legislar, hiperlegislar, sobre los asuntos más variopintos, desde el tabaco al cambio de sexo, y al mismo tiempo permitir que unos golfos listos y bien vistos se hagan ricos a base de meter la mano en el bolsillo de cientos de miles de familias modestas con una argucia que, en el fondo, no dejaba de ser un contrato financiero, y ello sin que Hacienda, el Banco de España, la CNMV o Seguros controlaran sus actividades y supervisaran sus cuentas. Uno de estos tipos ha sido descubierto con 10 millones de euros en su mansión de La Moraleja. Son cosas que explican el por qué hay tantos españoles capaces de pagar un millón de euros por un apartamento en Marbella para pasar allí 15 días en agosto. Corrupción institucionalizada. Corrupción a mansalva, la asignatura pendiente española. El compañero Chaves, abanderado de la nueva «realidad nacional» andaluza, acaba de ordenar el derribo de un monstruoso hotel construido a 28 metros de la playa en pleno Parque Natural de Cabo de Gata, que había obtenido todos los permisos pertinentes por parte del Ayuntamiento de Carboneras y de la propia Junta. Corrupción a palo seco.
Corrupción con la que el compañero Evo ha querido sacar los colores a Rodríguez Zapatero y a todos los españoles en Viena. Semana negra para nuestro presidente del Gobierno, a punto de quedar en evidencia tanto en el frente de la política interior como de la exterior. La gran apuesta de la legislatura, el nuevo Estatuto de Cataluña, presenta hoy muy mal aspecto. Los enjuagues del buenismo pueden terminar en el Principado como el rosario de la aurora. Imposible para vos y para mí. El nacionalismo no tuvo bastante con las dádivas que, en un romántico esfuerzo de integración, les otorgó la Constitución del 78, cuyo espíritu han acabado traicionado, y no parece que vayan a tener bastante con los nuevos estatutos, por muchas «realidades nacionales» que se rifen en la Carrera de San Jerónimo. Y en el terreno de lo foráneo, el decreto nacionalizador de Morales ha puesto al descubierto la liviandad e inconsistencia de la política exterior (¿?) española, tomada a broma por los supuestos nuevos amigos populistas de ZP.
Curiosa cumbre la de Viena, entre una Latinoamérica en descomposición y una UE paralizada por una grave crisis de identidad y falta de liderazgo. Fidel Castro debe estar muerto de risa en su búnker de La Habana. Los petrodólares venezolanos, manejados por la inteligencia cubana, hacen estragos al sur del Río Bravo. En «la cumbre del caos», Evo acusa a la brasileña Petrobrás de «hacer contrabando»; el peruano Toledo advierte a Chávez de que «las chequeras no pueden torcer la voluntad al pueblo», y Argentina lleva a Uruguay ante el Tribunal de La Haya a cuenta de dos papeleras (una de la española Ence) que Montevideo quiere construir ante las narices del vecino. Entre un Mecosur que se desmorona y un Alca patrocinado por Washington que no progresa, crece imparable la red de malla de la tercera vía que impulsan Chávez y Castro, la llamada Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba).Casi 17 años después de la caída del Muro de Berlín, Fidel acaricia la posibilidad de ver cumplidos sus sueños de extender la revolución cubana (a base del binomio «miseria económica más ausencia de libertades») por todo el continente. El petróleo a 70 dólares barril sustituye con ventaja al mítico Che Guevara.
En este campo minado, donde la seguridad jurídica se bate en retirada, todas las grandes empresas españolas, industriales y financieras, aparecen como potenciales simples rehenes de unos Gobiernos de tinte populista, cuando no simplemente marxistas, dispuestos a rescribir una historia que acabó hace 200 años.Y en Perú (Telefónica, REE, Repsol, Endesa, etc.) se viene la figura de Ollanta Humala, otro caudillo indigenista dispuesto a dejar chiquito a Evo. Para afrontar semejante desafío, nuestra economía dispone de un Gobierno moralmente desarmado ante unos supuestos amigos a quienes se dedicó a jalear antes de que empezaran a morderle la mano. Morales no va a indemnizar a Repsol YPF («se acabó el saqueo»), pero en la infinita soberbia que lucen los desheredados de la tierra con súbito mando en plaza, no ha tenido empacho en reclamar a Zapatero que cumpla las promesas que le hizo cuando visitó Madrid. «Yo no pedí nada; fue él quien prometió que España iba a duplicar la ayuda humanitaria a Bolivia, y no lo he visto. También dijo: vamos a condonar la deuda, y no vemos la condonación». Es lo que tiene prometer, José Luis: en España no pasa nada, porque ya hemos olvidado el hambre canina que pasamos antaño, pero, en Bolivia, cuando uno promete hay que cumplir.El más listo, como siempre, Emilio Botín, que salió por pies del altiplano cuando vio lo que se avecinaba.
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