La composición del comité electoral del PP ha supuesto la derrota de Gabino de Lorenzo y la formación de una nueva mayoría.
LA elección del comité electoral del PP, siguiendo las pautas de Ovidio Sánchez y poniendo coto a las ambiciones de Gabino de Lorenzo de dominar el partido, ha tenido una gran importancia, porque puede marcar un punto de inflexión en la dinámica interna del PP asturiano. En un órgano muy numeroso, como es el comité ejecutivo, confrontaron por primera vez los intereses de Ovidio Sánchez y los de De Lorenzo, resolviéndose la discrepancia por el método del voto: 109 contra seis. Un resultado de escándalo. Reinares, mano derecha de Gabino de Lorenzo y presidente del comité electoral, se mostró tan desolado tras la votación que acusó al equipo de Sánchez de haber utilizado a la prensa, lo que en boca de un representante del 'gabinismo' supone un rasgo de humor finísimo.
La decantación del comité ejecutivo por las tesis de Ovidio Sánchez es el hecho más importante desde la finalización del último congreso regional. En aquella ocasión, las tensiones entre las distintas facciones del partido se habían resuelto por la vía de crear un nuevo organigrama en la organización de forma que todos los líderes alcanzaran la dignidad: De Lorenzo y Pilar Fernández Pardo, vicepresidentes, y el díscolo Juan Morales, adjunto a las vicepresidencias; a los mandos del partido seguía el tándem formado por Sánchez y Reinerio Álvarez Saavedra. La típica solución del presidente del PP para resolver los problemas: aplazarlos.
Conviene recordar que el titubeante liderazgo de Sánchez en el PP asturiano se había establecido inicialmente a través de una alianza con Gabino de Lorenzo. Cuando los 'casquistas' quisieron colocar a Isidro Martínez Oblanca como secretario general, Sánchez impuso a Álvarez Saavedra apoyado por De Lorenzo. Esa alianza, entre el alcalde de Oviedo y Sánchez entró en crisis en el último congreso, al exigir Pilar Fernández Pardo la correspondiente cuota de representación en la dirección regional para la junto local gijonesa. Entonces ya estaba claro que a Sánchez le interesaba cambiar de caballos, y apoyarse en Gijón y Avilés para mantener la hegemonía en la región, porque el apoyo de De Lorenzo suponía el abrazo del oso. Pero Sánchez, como es su costumbre, optó por ganar tiempo en vez de ganar espacio.
En los últimos tiempos, la presión del regidor de Oviedo había devenido en insoportable, al discrepar públicamente de decisiones de la dirección regional de su partido, como fue en el caso del pacto para la elección del Procurador General alcanzado por los grupos parlamentarios del PSOE y del PP. Los planes de De Lorenzo de hacerse con la mayoría del comité electoral para teñir de azul la candidatura autonómica suponían para Sánchez una forma de cocerse a fuego lento, porque en la cita congresual posterior a las elecciones podría ser fácilmente desplazado de la presidencia del PP regional. Llegado el momento de pasar a la acción, Sánchez tensó al aparato del partido, mientras Gabino sesteaba confiado en las habilidades de Reinares, su amigo del alma (¿Ay, aquellos tiempos de la peña flamenca!).
Las miras de De Lorenzo
Tras la votación en el comité ejecutivo, en el PP asturiano hay ya una nueva mayoría clara, establecida sobre el liderazgo de Ovidio, con el apoyo de Gijón y Avilés, que se extiende a varias organizaciones de Oriente y Occidente. El bando de Ovidio. Esa mayoría tiene una oposición, encarnada en la figura del alcalde de Oviedo.
Es el momento de destacar que Gabino de Lorenzo nunca mostró interés en la política asturiana, encontrándose cómodo en su papel de líder ovetense. Es llamativo el contraste entre la trayectoria de Vicente Álvarez Areces y De Lorenzo, mientras fueron simultáneamente alcaldes de Gijón y Oviedo. Areces siempre tuvo una visión regional, escalando posiciones en el consejo de administración de Cajastur y acogiéndose a la Federación Asturiana de Concejos para tener una plataforma en la política asturiana, en los tiempos en que José Ángel Fernández Villa le cerraba la puerta del Principado y en los estatutos del PSOE no estaban contempladas las elecciones primarias. En esos mismos años, De Lorenzo se desentendió de la problemática regional hasta el punto de no decir ni una sola palabra sobre el trazado de la autovía del Cantábrico, en los momentos en que se discutía si debía ir por el interior o por la costa. Cuando tenía algún problema fuera del municipio, De Lorenzo lo resolvía mirando hacia el interior de Oviedo; por eso rompió con Sogepsa y creó Gesuosa. Mientras Areces buscaba alianzas, él volaba puentes. Esa forma limitada de entender la política es la razón por la que De Lorenzo nunca dio el salto al liderazgo regional del PP. Con las sucesivas victorias electorales y el escaparate de la ciudad de Oviedo nada le impedía proyectarse sobre la región. Ahora, con la retirada de Cascos y el anodino papel jugado por el PP en Asturias, creía llegado el momento, pero Sánchez se anticipó y formó el bando de la mayoría. Como acertadamente señaló Alicia Castro, en el PP llegó el momento de acabar con las luchas internas. Si se mira con perspectiva, la mayor diferencia entre el PSOE y el PP asturiano no está en las políticas que propugnan sino en la forma de funcionamiento de sus organizaciones. La unidad conquistada por Javier Fernández para las filas socialistas es la cara de una moneda que tiene su reverso en la permanente jaula de grillos del PP. Sin un partido unido ningún candidato puede ganar unas elecciones. Ese es el déficit del PP.
Para encarar el año electoral, Sánchez ha optado por crear un tipo de mayoría que, para ser consistente, necesita de la madurez de algunos dirigentes municipales, en particular de Fernández Pardo. La presidenta del PP gijonés ha pasado un calvario en este mandato debido tanto al peso de sus enemigos como al grueso calibre de sus errores. Si el PP gijonés no apuesta por Sánchez jamás saldrá del gueto en que está metido tras tres décadas de derrotas electorales. Los arriesgados planes de Zapatero en la política territorial y esa forma de entender la política en la que tiene prioridad la reducción de la carga de agua de los inodoros sobre la disminución de la inflación, abre insospechadas expectativas electorales para los candidatos del PP. Aunque para ello hace falta que se convenzan de que la victoria de Ovidio Sánchez es la victoria de todos.

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