La multa millonaria que ha puesto el Tribunal de Defensa de la Competencia a las filiales españolas de las cinco majors de Hollywood, por repartirse de forma monopolística e ilegal el mercado español de la distribución cinematográfica, es un primer paso para reparar una injusticia que perjudica desde hace años a nuestro cine.La noticia habrá aliviado un poco el sentimiento de frustración que le ha quedado a Alex Calvo-Sotelo, sometido, como la mayoría de los directores españoles, a la prueba de la semana: si en ese tiempo el público no acude, por efecto del boca a boca, a ver su película, será retirada sin piedad de las pantallas.
Ha empezado pues la cuenta atrás para El mundo alrededor, que se estrenó ayer en 25 salas. El martes se proyectó por primera vez en los Kinépolis. Producida al margen de los canales habituales, sin subvenciones ni ayudas, con el esfuerzo del actor protagonista Antonio Molero, del guionista Ignacio del Moral y de otros amigos, entre ellos el propio director, la película es de verdad independiente.Y la primera road movie española que me convence, una comedia muy divertida que también es la crónica de un fracaso. Cuenta el viaje en furgoneta de un funcionario de prisiones, un ex rockero al que éste conoció en la cárcel, interpretado por Oscar Zafra, y un grupo musical de tres jóvenes ilusionados con participar en el festival Viñarock de Villarrobledo: perfectos Julieta Gómez, Elena Seguí y Críspulo Cabezas. Todos los actores están espléndidos, incluidos los secundarios, algunos de lujo como Antonio Resines, en el papel de uno de los malvados Manueles, y Luis Tosar, que roba la furgoneta dando pie a escenas delirantes. Por no hablar de los cameos, que el público aplaudió a rabiar, entre ellos el del músico Fino Oyonarte (la mitad del dúo Clovis y en su día uno de los miembros de Los Enemigos) y el de la micropoetisa y cantante Ajo. Se nota la mano de un guionista veterano que maneja como pocos un género al que yo llamaría costumbrismo mágico.

La película está bien tramada, los personajes tienen enjundia, los diálogos son ágiles, chispeantes y a veces geniales. Y tiene el ritmo que necesita una historia de carretera: en esto se nota la mano maestra de Pepe Salcedo, sin el cual sencillamente no existiría el cine español. No es pretenciosa, es moderna, engancha y hace reír. Yo lo pasé muy bien y espero que el público, en especial los jóvenes, la descubran estos días y la conviertan en un éxito. Lo merece.