Luis Eduardo Aute compuso una canción sobre un triángulo amoroso en la que el estribillo concluía con la frase "o entre los tres nos organizamos, si puede ser". Los versos de Aute debieron de inspirar al tripartito y el pacto del Tinell fue el protocolo para organizarse, aunque la falta de cohesión, pero sobre todo la inexistencia de liderazgo, ha servido para que sus componentes se hayan dado cuenta de que "no puede ser". El Ejecutivo catalán no ha sido nunca un gobierno sino un tripartito, donde las fuerzas integrantes han llevado su propio guión y donde los sobresaltos, los dislates y las pifias han acabado por difuminar cualquier actuación inteligente.
Es curioso, pero, como escribe Peter Watson en su libro Ideas. Historia intelectual de la humanidad (Crítica), muchas personalidades han pensado la historia intelectual como un sistema tripartito, organizado alrededor de tres grandes ideas, eras o principios. Desde Francis Bacon, que identificó tres descubrimientos (la imprenta, la pólvora y la brújula), pasando por Thomas Hobbes, que distinguió tres ramas del conocimiento (la física, la psicología y la política) hasta Augusto Comte, que diferenció tres estados de la historia (el teológico, el metafísico y el científico), se diría que la regla del tres es casi sagrada o, cuando menos, inevitable.
Sin embargo, esta regla, que en matemáticas siempre conlleva una incógnita, ha generado más de un interrogante, hasta el extremo de que cuando ayer Joan Saura planteaba repetir el tripartito en el futuro, aunque matizando que con condiciones diferentes, a medio país se le pusieron los pelos de punta y al resto le dio un ataque de seborrea. No porque crea imposible un gobierno de izquierdas, sino porque esta clase política ha demostrado la ineficacia de la fórmula. Lo cual tiene su lógica puesto que, cuando los dos principales partidos, PSC y ERC, tienen una idea distinta de Europa, España y Catalunya, resulta difícil pensar qué les puede llevar a trabajar en despachos contiguos.
George Schaller, director de Conservación de la Sociedad Zoológica de Nueva York, escribió un fascinante tratado de comportamiento animal titulado El último panda, donde descubría cómo uno de estos osos gato (así los denominan en China), encontrándose enfermo, se refugió voluntariamente en la casa de una familia de agricultores de la región de Wolong, que lo alimentó con azúcar y gachas de arroz durante tres días, hasta que se recuperó y regresó al bosque. Las fuerzas del tripartito parecen actuar como el panda observado por Schaller, como si, cobijándose en sus cuarteles, pudieran restablecer el pacto con la primavera electoral. Lo que no saben es que el panda pudo volver al bosque, pero tuvo muy corta vida.

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