Nos sigue apasionado esto de las grabaciones que Jesús Gutiérrez, número dos de la FSA-PSOE, entregó al fiscal para empitonar al senador y edil ovetense, Javier Sopeña (PP), por un supuesto asunto de compraventas inmobiliarias más comisiones.

La cosa dio un giro cuando, a continuación, Sopeña afirmó que quien había grabado las conversaciones, un tal Regino, intermediario, se las había ofrecido al PSOE -«una perita en dulce», dijo el citado Gutiérrez-, pero a cambio de que le allanasen el camino de unas licencias encabronadas en el municipio de Laviana, también de obediencia socialista.

Según todo ello, habíamos pasado del género negro al género cómico, por aquello de que un buen giro de la trama sigue siendo el mejor mecanismo para mantener la atención hasta en las peores películas.

Pues bien, se ha producido otro quiebro argumental que nos ha colocado esta historia a medio camino entre el «grandguiñol» y las películas del agente 007.

Resulta que el edil ovetense Agustín Iglesias Caunedo sostiene que las grabaciones a Sopeña son una ofensiva contra el regidor capitalino, Gabino de Lorenzo, quien también se ve amenazado desde hace un tiempo por una avioneta que insistente y sistemáticamente sobrevuela su finca de Benia de Onís.

Se ve que alguien ha encargado a James Bond que le dé un repaso a De Lorenzo, segundo personaje más examinado desde el aire después del presidente de Irán, objetivo, junto a sus bidones de plutonio, de todos los satélites que Bush haya podido situar sobre el antiguo paraíso terrenal.

Evidentemente, a estas alturas de la trama, el caso Sopeña se ha convertido en un perfecto cachondeo. Incluso un mozo tan serio y formal como el mandatario socialista Gutiérrez ha entrado al trapo de la avioneta, aunque agregando un nuevo hilo argumental de apariencia sutil: siempre que hay líos inmobiliarios aparecen caballos por los alrededores. Por ejemplo, Marbella. Un, dos, tres, responda otra vez. Así que pasamos de nuevo a «Chinatown».