El valor de la Térmica lo reconvierto en el valor de la palabra, que, reflejada en los periódicos, queda bajo siete llaves en la hemeroteca.

Informaba ayer este diario, por pluma de Francisco L. Jiménez, que «ni el Principado ni el Ayuntamiento de Avilés, las dos administraciones públicas con mayores responsabilidades en materia de conservación del patrimonio, parecen dispuestas a dar un paso al frente para evitar el derribo del inmueble (la Térmica)». Y el alcalde Rodríguez Vega afirmaba que «esta decisión está ampliamente asumida por partidos y sindicatos. No es momento de dar marcha atrás».

Pues es marcha al revés históricamente hablando. Y tengo dudas razonables acerca de lo que opinan las fuerzas políticas y sociales sobre todo esto. Pienso, por poner sólo un ejemplo, en el secretario general de UGT comarcal, Amado González.

Revisé la hemeroteca del periódico y, entre los elogios al histórico edificio, no encuentro otros mejores que los escritos (bajo el título de «La térmica») del 26 de febrero de 2005 por Juan José Fernández, concejal de IU delegado de Cultura en el Ayuntamiento avilesino.

Entresaco dos: «El principal valor del futuro centro es el propio edificio sobre el que se va a actuar, dado (se refiere a la Térmica) su elevado valor simbólico, cultural y arquitectónico. No en vano, se trata de la joya de la corona del patrimonio histórico-industrial avilesino».

Y termina el edil: «El edificio de la central térmica, que nació para suministrar energía eléctrica a Ensidesa, está llamado ahora a convertirse en el símbolo que transmita toda la energía del Avilés del siglo XXI. En eso estamos».

Difícil expresar mejor el acto de inopia política y cultural que supone arrasar la Térmica de Avilés. Y de la falta de miras políticas sobre la futura explotación cultural y turística del patrimonio industrial, ni opinar quiero.

Señor alcalde de Avilés, no meta la marcha atrás, que es marcha al revés. Si lo hace, lo mire por donde lo mire, seguro que mete la pata. Históricamente, ni lo dude.