La historia de la humanidad ha sido también la de las multitudes. En Roma, los centenares de miles de pobres que vivían del erario y se pasaban el día deambulando por las calles obligaron para entretenerlos a organizar los grandes juegos circenses. Con Napoleón y con la guerra de Secesión americana los ejércitos fueron formados por auténticas multitudes, lo que ocasionó espantosas carnicerías. En China o en India cualquier problema, sentimiento, idea, no puede abstraerse de las millonadas de habitantes que las pueblan y de las que se les añaden cada año... Quiero decir que esta práctica que se ha ido apoderando de Barcelona, la de los gentíos que sientan sus reales en los espacios públicos con motivo de cualquier fiesta o festejo, ya no puede despacharse sin más alegando que se trata de ocasiones singulares o de que el tempero invitaba al ocio. Porque es probable que estemos, al fin, ante una idiosincrasia.
La cual tiene poco que ver con el pretendido carácter tradicional catalán, comedido en sus expresiones y utilitario en su funcionalidad, sino que estamos ante un fenómeno distinto y muy vasto, una nueva realidad. ¿No fue la fiesta tradicional la expresión anual de alegría en interrelación de una colectividad? Como lo eran las efemérides religiosas o patrióticas, formas de intensificar la unión masiva de los adeptos. Pero todo esto se había debilitado mucho al compás de la libertad e independencia individuales, ¿por qué esperar la víspera del santo patrón para bailar si puede hacerse sin cesar en cualquier discoteca? ¿Y a qué atribuirle un halo erótico si las costumbres permiten el sexo a granel? Sin embargo, el ciudadano barcelonés y metropolitano se echa a la calle como nunca, hasta olvida la sacralizada televisión, y estos días se han llenado Sant Jordi, la Feria de Abril, los partidos y desfiles del Barça, las salidas de fin de semana - pese a su creciente mortandad-, la carrera del Corte Inglés y, como culminación, la Red Bull Air Race.
Es obvio, esto ha interesado infinitamente más que el espectáculo de la maltrecha política local, que la estrenada ley laboral, que el congreso del mundo rural, que la sostenida huelga de médicos... ¿Razones? Un montón, claro. Pero una podría radicar en que la sociedad catalana mayoritaria es cada vez más amplia y plural en sus orígenes y valores, a la par que debido a ello y a la globalización la esfera oficial y los conceptos tópicos van dejando de ser constitutivos comunitaria e íntimamente, y así surge una panorámica en la que todos se encuentran en esos flamantes vaivenes colectivos de entusiasta hedonismo y carente de exigencias previas.

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