Europa del Este y la Conferencia de Vilna, de Rafael José R. de Espona en El Mundo
Las conclusiones de la Conferencia de Vilna 2006, evento que desde 1997 aglutina esfuerzos para consolidar las libertades en los países en transición política del Centro y Este de Europa, han demostrado la decidida convicción de los nuevos estados miembros de la UE por apoyar dicho proceso.
La celebración de la Conferencia se enmarca en un escenario europeo de inestabilidad asociado a la cuestión energética, que llegó a su punto álgido en el mes de diciembre con el corte del suministro de Rusia a Ucrania. Poco después, los tres estados bálticos suscribieron el 27 de febrero una declaración conjunta en materia de política energética apostando estratégicamente por la energía nuclear, el desarrollo de nuevas capacidades en generación y suministro, y propugnando la necesidad de desarrollar una política energética auténticamente europea, capaz de ser referente para quienes -obviando a sus socios europeos- suscriban alianzas bilaterales con estados ajenos a la UE.
Con tales prolegómenos, la Conferencia ha coordinado cuatro niveles de acción: jefes de Estado y altos funcionarios, ONG, intelectualidad y jóvenes líderes. Entre los primeros se han contado los presidentes de Lituania -país anfitrión- Polonia, Estonia, Letonia, Ucrania, Moldavia, Bulgaria, Rumanía, Georgia y Azerbaiyán, además de Javier Solana -representando la PESC de la UE- y del vicepresidente Richard Cheney, en nombre de EEUU, cuyas firmes palabras han denunciado la peligrosa utilización del arma económica energética promovida por sectores involucionistas contrarios a la consolidación del vínculo euro-atlántico en las nuevas democracias del espacio ex soviético.
Las entidades privadas y especialistas universitarios han destacado la implicación de la sociedad civil de dichos países en un proceso histórico cuya evolución debe apoyarse en la asunción de principios morales vertebradores de todos los estamentos; frente a ellos está el problema de la corrupción que asola estructuras administrativas, fenómeno ligado a las «mafias del Este».
Una idea central resume la conferencia: la necesidad de no decaer en el respaldo internacional, para hacer del Estado de Derecho, la economía de libre mercado, y la plena integración occidental procesos irreversibles en los países en transición, como es el caso de Ucrania. El concepto de común vecindad, aglutinando seguridad y libertad, ha sido reforzado con una percepción de carácter completo para evitar asimetrías regionales, cuestión imprescindible para que la UE y la OTAN desempeñen su función integradora expandiendo estabilidad en su entorno fronterizo, cuya más acuciante empresa es Bielorrusia.
La apuesta de Georgia (también afectada por la tensión energética con Rusia) por Europa y la OTAN, muestra que la expansión del vector euro-atlántico trasciende más allá de su espacio clásico, y por ello la Conferencia de Vilna ha atestiguado la presencia de las más modernas perspectivas de futuro.
Lituania ha coordinado analistas y diplomáticos para compartir con pueblos vecinos sus logros siguiendo una política de concordia desde su propia experiencia al haber liderado el proceso báltico de reindependencia, así como el apoyo personal del presidente Adamkus a favor de los procesos democráticos de Ucrania y Georgia acredita la importancia de desarrollar una visión de conjunto para fortalecer a Europa como continente de trascendencia global.
Rafael José R. de Espona es cónsul honorario en España de la República de Lituania.
