El Quirinale, la sede del presidente de la República italiana, va a tener por primera vez un comunista como inquilino: Giorgio Napolitano, un hombre de maneras suaves que a sus 80 años es uno de los pocos políticos italianos que puede presumir de haber luchado contra el fascismo.
Napolitano era sólo un chaval cuando tomó las armas contra el régimen de Benito Mussolini. Y en 1945, al terminar la II Guerra Mundial, no lo dudó un instante: corrió a afiliarse al Partido Comunista Italiano.
Comenzó su militancia en el histórico PCI con 20 años. Con 28, se estrenó como diputado. Fue el principio de una carrera en la vida pública que ya dura más de medio siglo y en la que el napolitano (con ese apellido, ¿de dónde quería que fuera?) ha ocupado diversos puestos de responsabilidad institucional: en 1992 y 1994, por ejemplo, en plena efervescencia de los procesos de Manos Limpias, desempeñó el cargo de presidente de la Cámara de los Diputados. En 1996 fue ministro del Interior del primer Gobierno Prodi, erigiéndose también en el primer miembro del ex PCI en ocupar ese cargo. Entre 1999 y 2004 fue presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo.Y en 2005 fue nombrado senador vitalicio por Carlo Azegli Ciampi, el presidente de la República saliente.
A pesar de su pasado comunista, Napolitano nunca ha sido un tipo sectario sino que se ha distinguido por su moderación ideológica, lo que le ha valido el respeto de sus oponentes políticos y lo que propició la apertura del ex PCI a los socialdemócratas europeos.
Siempre ha tenido sus mayores enemigos dentro de casa, entre los militantes del ala más dura de la izquierda, que nunca le han perdonado que defendiera mantener una estrecha alianza con Estados Unidos.
«Debemos resistir la tentación de convertir una vez más a Estados Unidos en el coco de la izquierda», proclamaba en 1999 en un congreso de Demócratas de Izquierda, entre los abucheos del personal, mientras defendía la invasión americana de Irak en la Guerra del Golfo.
Napolitano es, asimismo, una suerte de intelectual. A su pasión por las letras y las artes suma su amor al teatro. De joven, protagonizó como actor varias obras y escribió con seudónimo sonetos en napolitano.

Escribe un comentario