Constantino Méndez (Puentecesures, Pontevedra 1950), gallego ejerciente, trajo a Madrid un modelo de delegado del Gobierno que hasta la fecha no se conocía. Sus antecesores Francisco Javier Ansuátegui, Pedro Núñez, Pilar Lledó, e incluso la llorada Ana Tutor, convirtieron el cargo en una superjefatura de Policía.El terrorismo y la delincuencia, en crecimiento, hicieron que el modelo se perpetuara y la figura del delegado quedara asimilada a seguridad.
Pero Méndez quiso implantar un modelo diferente, ser un delegado del Gobierno político, sin dejar de lado lo social. No olvidó las cuestiones de seguridad, pero se enganchó con otras materias relacionadas con la vida de los ciudadanos (inmigración, inspección de trabajo...). Hizo buenas incursiones en algunos de estos campos, pero también saltó a un jardín donde ningún delegado había entrado con tanta fuerza: el puramente político.
Comenzó a marcar a Esperanza Aguirre y a su Gobierno, especialmente cuando el consejero de Justicia, Alfredo Prada, creó las Bescam, un refuerzo para las policías municipales de la Comunidad.
Méndez acusó al Gobierno de Esperanza Aguirre de intentar entrar en competencia con el Ministerio del Interior y rechazó las ayudas de Alfredo Prada para pagar un suplemento a los policías nacionales o guardias civiles que vivieran en Madrid.
Tampoco aceptó el apoyo para construir comisarías financiadas a medias por las dos administraciones. Insinuaba que el objetivo de Aguirre sólo era castigar al Gobierno central y, mientras, hacía buenas migas con Ruiz-Gallardón y su equipo. Elaboró un gran Plan de Seguridad para Madrid y su Comunidad y logró impulsar las Juntas de Seguridad, con la ayuda de Pilar Gallego, la primera subdelegada de Madrid.
Pero el PP de Esperanza Aguirre aceptó su reto y le combatió políticamente. Cada movimiento que hacía Méndez era contestado por la presidenta o sus consejeros, que aprovechaban cualquier oportunidad para criticar la falta de seguridad en Madrid. Méndez amplió las plantillas de Policía y Guardia Civil, que habían quedado bajo mínimos en tiempos del PP.
Cifró en 110.000 el número de personas que habían asistido a una manifestación antiterrorista, cuando el PP hablaba de un millón. Méndez contestó que se limitaba a pasar las cifras que le facilitaba la Policía. Los populares consideraron que fue el responsable de la detención de dos de sus militantes por un «intento de agresión» a José Bono en la manifestación de la AVT, algo que él negó reiteradamente.
Su declaración de que Esperanza Aguirre no podía tener tres ideas al mismo tiempo no gustó ni siquiera a la gente del PSOE más clásico. Y no fue más que una de las 18 perlas que dedicó a la presidenta, según dice la gente del PP.
Quiso cambiar un modelo muy anticuado y acercarlo más a los ciudadanos.Pero introducir la pelea política como segunda actividad le ha costado presentar su dimisión para ser honesto consigo mismo.

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