Suena ruido de «convoluto» en la Fiscalía del Tribunal Superior de Asturias, donde investigan cómo el senador del PP, Javier Sopeña, estaba en medio de unos señores que compraban unos terrenos y de otros que los vendían. Aparecen también en el asunto comisionistas y comisión -19 millones de pelas-, según recogen unas grabaciones que amablemente ha entregado al Fiscal la Federación Socialista Asturiana (FSA-PSOE). En el ajo, no rematado, sale también el nombre de Serafín Abilio Martínez, presidente de la Confederación Asturiana de la Construcción.
Con tan prominentes nombres, habrá jaleo durante un tiempo, aunque conviene recordar que estamos en una región ejemplar, donde la fiscalía no suele pillar nada en materia de contubernios o «convolutos» inmobiliarios.
«Convoluto», ¡qué hermosa palabra y qué viejas resonancias! La introdujo en el vocabulario de la rufianería política aquel embajador de Alemania en España, Guido Brunner, quien reconoció que había recibido tal cosa de la empresa Seat para engrasar concesiones del AVE Madrid-Sevilla a Siemens.
«Convoluto» significa hoja de planta que en primavera se enrolla formando un tubo, o sea, voluta combada en la que meter talones o billetitos.
Dejada a un lado la historia y la filología, las comisiones están a la orden del día en el mundo inmobiliario. Salvo que sean en dinero negro u oscuro, pocas puertas se le ponen a este fértil campo. Otra cosa es que se mezclen con tráfico de influencias, o con intermediaciones parasitarias a cambio de ulteriores favores políticos.
Ahora bien, lo más interesante a priori de este caso que acaba de desvelarse en Asturias es quién mueve las grabaciones y sus intenciones, habida cuenta de que habrá algún propósito más que el de hacer resplandecer la justicia. Es primavera, se curvan las hojas y llegan los «convolutos».

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