Lo del Parque de la Prehistoria de Teverga, lejos de pararse a reflexionar para corregir errores, sigue en su loca huida hacia adelante como «pollo sin cabesa», una frase de Benjamin Toshack cuando era entrenador de la Real Sociedad. El Gobierno regional se cerró en banda, no quiso escuchar propuestas razonables como la de hacer allí un parque zoológico del tipo de Cabárceno (o alguna otra cosa más adecuada a la realidad de aquella zona) y se lanzó a construir el gran Museo de la Prehistoria asturiana en un territorio donde no hay Paleolítico. Una aberración que fue denunciada duramente en este mismo periódico por el profesor Rodríguez Asensio, quien fue fichado unos días más tarde para la política por Areces y entonces empezó a defender justo lo contrario de lo que había escrito aquí, degradando de una sola tacada la ética personal, la ética universitaria, la ética científica y la ética política, si es que esta última aún existe. La actitud de los gobernantes regionales en todo este asunto me ha llevado a dejar de creer en ciertas teorías socialistas sobre el «desarrollo sostenible», pues mientras predican una cosa hacen otra distinta, incluso la contraria. Me explico: mientras dicen que la base del desarrollo sostenible es «explotar los recursos propios», en Teverga se disponen alegremente a explotar los recursos ajenos (el arte paleolítico de otros lugares), dejando sus propios recursos tan abandonados como antes. ¿Qué están haciendo, por ejemplo, con la Senda del Oso, una obra que costó un montón de dinero público y está muerta de risa, sin promoción ni plan conocido de explotación?
Hace unos días el «inventor» de lo de Teverga, Juan Luis Rodríguez Vigil, daba un paso más en la huida hacia delante y proponía invertir más dinero allí, ampliar la instalación y darle más categoría, «universalidad». Debo decir que me apena enormemente tener que criticar al señor Vigil, a quien aprecio personalmente por su bondad y por su afición a los archivos, algo que comparto. En alguna ocasión nos hemos encontrado en el Archivo Histórico Nacional y nos hemos tratado con cordialidad, como la que él inspira, pero no quiero que ese aprecio me cierre la boca ante lo que me parece un despropósito, uno más en este aciago tema (tampoco callaré, dicho sea de paso, la decepción que me causó la actitud de algunos políticos de la comarca oriental, que miraron para otro lado, y la de algunas asociaciones turísticas «hermanas», que permanecieron mudas mientras el Principado optaba por Teverga para colocar allí la cabecera de la Prehistoria de Asturias, un tesoro cultural cuyos mejores ejemplos están casi todos en el Oriente).
Lo que ahora propone Rodríguez Vigil se veía venir. Los que siempre hemos defendido que la cabecera de la Prehistoria asturiana tiene que estar en Tito Bustillo, uno de los yacimientos más importantes de Europa, hemos alertado hace tiempo de que el Principado quiere poner la instalación de referencia en Teverga, relegando al Oriente a un «plan comarcal» con una cabecera secundaria, de rango comarcal. Pero optar por Teverga costará un esfuerzo presupuestario enorme, pues mantener el interés de la gente hacia una instalación ficticia -fuera del contexto histórico, geográfico y antropológico- seguramente no va a ser fácil ni barato. Ojalá me equivoque, pues si aquello resulta ser un fiasco (o un pozo sin fondo), quienes van a pagar las consecuencias serán Tito Bustillo y el Paleolítico oriental, que previsiblemente sufrirán año tras año una merma en el apoyo regional debido a la competencia del Parque de Teverga, que presiento que se va a llevar la mayor tajada presupuestaria y el papel estelar en las ferias de promoción. De momento, para Tito Bustillo no hay planes conocidos. Del «no» frontal han pasado al «sí» (¿con la boca pequeña?), pero no se ve que se impulse avance alguno. Como tantas otras cosas, el asunto reaparecerá en la campaña electoral y después volverá al armario, igual que el centro de salud de Ribadesella y el cuento de la buena pipa.

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