La definición más extendida del término coyuntura se refiere al conjunto de factores y circunstancias que definen las características de la economía de un país -o de cualquier otro agente económico- durante un periodo determinado de tiempo. Otras definiciones más precisas consideran la coyuntura como la evolución de la economía en intervalos menores a un año, mediante la estimación de las principales variables macroeconómicas de un país. La evolución de estas variables es la que indica que una nación crece, está estancada o vive sumida en una recesión.

Es decir, la coyuntura no es más que la temperatura que mide el estado de salud de un paciente. Si el termómetro alcanza los 38-40 grados es que algo pasa. Pero no basta con conocer la temperatura del paciente para saber su dolencia. La fiebre es un síntoma, no una enfermedad, y por eso las evidencias no son suficientes para conocer la evolución de dicho paciente. De ahí la necesidad de analizar la coyuntura con las herramientas que se tengan a mano. No con apriorismos. Lo obvio no es siempre sinónimo de verdadero.

Todo esto viene a cuento por la sorpresa que ha producido entre muchos lectores de El Confidencial el hecho de que este periódico publicara ayer, lunes, que el fuerte aumento de la demanda de cemento -variable esencial para conocer la evolución del sector de la construcción- anticipa otro boom inmobiliario en 2006. El titular sorprendía porque en otras informaciones de este mismo diario se alertaba sobre la existencia de algunos signos de desaceleración en el mercado de la vivienda. ¿Cuál de estas dos afirmaciones es verdad? se preguntaban ayer algunos lectores.

En este país nos estamos acostumbrando a pensar en blanco y negro, pero la realidad es compleja. Está llena de matices. No es incompatible acreditar -con datos de la patronal del sector- que el cemento se lo están quitando de las manos las empresas para seguir construyendo y decir, al mismo tiempo, que el negocio del ladrillo se está ralentizando. Es más que evidente que los precios se están desacelerando -con más intensidad en zonas saturadas-, y también es verdad que hoy se tarda más tiempo en vender un piso que hace unos meses. Es decir, las dos cosas pueden ser verdad, ya que no son contradictorias. Son los designios de la mano invisible, que diría el clásico.

En realidad, se trata de un problema de oferta y demanda. Por un lado, la oferta de viviendas, a donde se dirige el 60% del cemento requerido por las constructoras para hacer pisos, sigue creciendo con fuerza. Y lo hace con gran intensidad por una razón muy sencilla, la demanda sigue fuerte porque este país se ha embarcado en un gigantesco proceso urbanizador al calor de unos tipos de interés reales que, no hay que olvidarlo, siguen siendo negativos.

Un proceso alimentado desde cientos y cientos de ayuntamientos españoles, en los que en los últimos años se han aprobado ambiciosos planes de ordenación urbana que prevén la construcción de cientos de miles de viviendas que ahora se están construyendo. Y es que los bajos tipos de interés permiten una financiación barata; pero es que, además, no hay ningún estrangulamiento laboral debido a que la oferta de empleo inmigrante continúa siendo extraordinariamente elevada. Máxime cuando en estos momentos hay más de un millón de trabajadores sin regularizar su situación, lo que impulsa los salarios a la baja.

Es decir, por el lado de la oferta, todo va viento en popa debido a que hay expectativas de que el ciclo económico expansivo se prolongue unos años más al calor de tres variables: la inmigración, los tipos de interés reales negativos y la inversión extranjera en inmuebles.

Desde el lado de la demanda, que a pesar de todo sigue creciendo con fuerza, puede estarse produciendo una ralentización, ya que los tipos de interés ya no son tan beneficiosos, la inmigración entra con menos fuerza y la inversión extranjera se ha desacelerado. Además, los altos precios desincentivan la compra de una vivienda en propiedad.

¿Qué quiere decir esto? Pues ni más ni menos que existe una evidente incoherencia entre los indicadores de oferta y de demanda. El mercado, ya se sabe, no es perfecto, porque si así fuera los ciclos económicos habrían desaparecido. Mal que nos pese, y pese a aquella milonga de los noventa, la economía tiene altibajos. Los ciclos existen, y cuando la oferta y la demanda circulan a velocidades distintas lo normal es que el motor se pare. Aquí está el problema.

Los expertos en previsión y coyuntura viven de esto, de analizar indicadores aparentemente contradictorios que empujan en direcciones distintas. Si todos los indicadores dijeran lo mismo, el enfermo no tendría fiebre y no habría que acudir, por lo tanto, al galeno.

Los datos del paciente -el sector inmobiliario- están colgados, en cualquier caso, de la página web del Banco de España, que ofrece la mejor síntesis de indicadores del mercado de la vivienda. Pasen y vean: http://www.bde.es/infoest/sindi15.pdf.