La carta de Mahmud Ahmadineyad a George W. Bush, la primera comunicación que se anuncia públicamente de esa manera desde la Revolución iraní de 1979, puede representar un primer paso, vacilante pero significativo, de cara al establecimiento de conversaciones directas con EEUU. Dada la preocupación que existe con respecto a las actividades nucleares de Irán y la eventual respuesta estadounidense, podríamos estar ante una de las cartas más importantes que han aterrizado en el felpudo de la Casa Blanca en los últimos años.
Sin embargo, es posible que Irán, que se enfrenta a un aislamiento diplomático cada vez mayor, esté intentando explotar las divisiones que existen dentro de EEUU y del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el tema de los ensayos nucleares. La difusa pero tentadora oferta de buscar «nuevas soluciones» a los problemas internacionales que ha sugerido Ahmadineyad podría endurecer la oposición de Rusia y China a esa resolución potencialmente fatídica de Naciones Unidas que EEUU, el Reino Unido y Francia esperan hacer aprobar esta semana.
Los iraníes han advertido del incesante desfile de grandes figuras del Partido Republicano que están instando al Gobierno de Bush a tragarse sus prejuicios, dejar de trabajar a través de delegados europeos y hablar directamente con Teherán. John McCain unió su voz al coro este fin de semana. Las conversaciones directas son, según dijo, «una opción que probablemente se debe considerar».
La respuesta formal que haga Bush a la carta de Ahmadineyad va a ser crucial. La tentación sería negarse a contestar, por temor a que se considerase dar muestras de debilidad, lo que ya sucedió en mayo de 2003, cuando Teherán propuso conversaciones sin condiciones.Aquella oferta, que también llegó a través de la diplomacia suiza, no obtuvo ninguna respuesta de una Casa Blanca exultante por la caída de Bagdad. Pero entonces Bush era mucho más fuerte, tanto política como militarmente, de lo que es ahora. Un rechazo sin más será interpretado por Teherán y otros países como la confirmación de que EEUU está utilizando la polémica nuclear como una palanca para desencadenar un cambio de régimen.
Según una fuente iraní, «cuando escribes una carta a alguien, esperas que te responda. Quizá sea una buena noticia». Pero la situación en Teherán es «extremadamente politizada y sensible».Hace falta muy poquito para empujarla hacia la confrontación directa.
Simon Tisdall es analista del diario The Guardian.

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