Habían pasado sólo tres días desde que el Tribunal Supremo acordó dejar en suspenso la decisión del Consejo de Ministros de aprobar la OPA de Gas Natural sobre Endesa, cuando Miguel Sebastián, asesor económico del presidente del Gobierno, se reunió el pasado 24 de abril con Manuel Pizarro en la sede de la Bolsa de Madrid.
Aunque el presidente de Endesa eligió un escenario discreto y pretendidamente neutral (Pizarro es el vicepresidente de la institución, el padre de Sebastián fue agente de cambio y Bolsa, y él mismo celebró su primera comunión en un restaurante ubicado en el mismo edificio de la plaza de la Lealtad), el encuentro tuvo el aroma inequívoco de una petición de armisticio.
La decisión del Supremo no sólo era la segunda victoria consecutiva de Pizarro en el terreno jurídico (previamente, el Juzgado número 3 de lo Mercantil de Madrid ya había dejado en suspenso la OPA hostil), sino que suponía un auténtico varapalo para el Gobierno y ponía de manifiesto algo que, a pesar de las evidencias, siempre se negó tanto por parte de la Caixa (principal accionista de Gas Natural), como desde las esferas oficiales: que se trataba de una operación más política que empresarial.
Aún no se sabía que la Comisión Europea iba a poner en solfa otro acuerdo del Consejo de Ministros por el que se otorgan poderes discrecionales a la Comisión Nacional de la Energía, y que fue aprobado a toda prisa para pararle los pies a la alemana E.ON.La compañía presidida por Wulf Bernotat presentó una OPA competitiva sobre Endesa, con una apreciable diferencia sobre la que había lanzado la empresa presidida por Salvador Gabarró: ofrecía un 30% más por cada acción de Endesa.
Sin embargo, en La Moncloa existía ya el convencimiento de que Bruselas no iba a dar su visto bueno a una medida tan poco respetuosa con la libre competencia.
Es de destacar que el Gobierno no designase para esa reunión con el presidente de Endesa al ministro de Industria, lo que hubiera sido más lógico, no sólo por ser el titular del ramo, sino por haber sido él el muñidor de una operación que, hasta ahora, sólo le ha costado disgustos a Zapatero.
Lo cual implica que la decisión de declarar una tregua (ya veremos si permanente o indefinida) fue directamente adoptada por el presidente, quien encomendó a su hombre de confianza la delicada misión de proponerle un pacto al resistente Pizarro.
El mensaje que transmitió el jefe de la Oficina Económica de Presidencia de Gobierno fue meridiano: lo mejor para todos, es decir, para el sector eléctrico español, es que usted (Pizarro, naturalmente) negocie con Gas Natural/La Caixa para convertir una absorción no deseada en una concentración amistosa, aunque ello implique que usted (o sea, el presidente de Endesa) se convierta en la cabeza visible del nuevo gigante energético español.
Pizarro, amable en extremo con su interlocutor, se limitó a expresarle su absoluta disposición al diálogo («a talante no hay quien me gane», parece ser que dijo el de Teruel) y a no poner en más aprietos al Gobierno.
El deshielo, por tanto, se produjo sin ninguna dificultad y ahora está a punto de comenzar la fase en la que hay que engranar los términos de un acuerdo que debe ser bueno para Endesa, para el propio Pizarro, para el Gobierno, para Gas Natural, para la Caixa y, ¡ojo!, especialmente para los accionistas.
El Gobierno -y, en estos momentos, también la Caixa- estaría dispuesto a aceptar una operación en la que, sobre el papel, Endesa fuera la compañía absorbente y Pizarro, el padre de la criatura (ya no sería Gas Natural la que pondría «el semen», según la terminología utilizada por Gabarró).
Ahora bien, esa solución supondría que el principal accionista de la nueva sociedad sería la Caixa (que en números redondos tendría el 15% de su capital), lo que dejaría el futuro del gigante energético y del propio Pizarro en manos de la entidad financiera.
Bajo esa óptica, según la reflexión que se hace desde el equipo directivo de Endesa, el acuerdo que se propone ahora tendría la misma función que el caballo de Troya: las tropas enemigas se retiran y ofrecen un trofeo al vencedor tras un largo asedio.Si Endesa abriera sus puertas a la Caixa, su derrota a medio plazo estaría servida. La debilidad de Montilla (que sería el Aquiles de los griegos en esta historia) no parece que vaya a confundir a los que han defendido durante meses a la Troya del sector eléctrico español.
Esa es la razón por la que la estrategia jurídica de Endesa no sólo no se ha frenado ante los vientos de pacto, sino que se ha mantenido según su implacable diseño. El 3 de abril la compañía presentó un nuevo recurso ante la Audiencia Nacional en el que se opone a la autorización de la OPA de Gas Natural por parte de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y, más importante aún, al archivo de una denuncia según la cual la Caixa tendría que lanzar una OPA sobre su filial energética, de la que controla su consejo, para cumplir con los requisitos establecidos por la ley.
Si ese recurso saliera adelante, la OPA de Gas Natural no sólo quedaría triturada por completo, sino que la estabilidad de la entidad financiera presidida por Ricardo Fornesa quedaría seriamente comprometida.
Hasta el momento, puede decirse sin exagerar que Pizarro va ganando el partido, pero ahora se avecinan momentos delicados en los que, si no quiere salir derrotado, tendrá que aplicar tácticas de ajuste fino.
Aunque el de Teruel no es aficionado al golf, suele recurrir a ese deporte cuando habla de su situación actual: «Es en el green donde uno realmente se la juega». O sea, que estamos en el green de la batalla por el control de la energía.
¿Cuáles son las dificultades que afrontará el hasta ahora victorioso Pizarro? Para empezar, según fuentes de Endesa, no hay posibilidades reales de pacto con la Caixa si Gas Natural no retira previamente su OPA. Es decir, para que se inicien las negociaciones primero hay que entregar las armas.
¿Estará dispuesta la Caixa -y, sobre todo, el Gobierno- a aceptar esa condición tan humillante?
¿Qué ocurrirá con E.ON? Los alemanes -apoyados, no hay que olvidarlo, por su poderoso Gobierno- han hecho una apuesta muy fuerte por España («la mayor adquisición en la historia de nuestra empresa y una de las mayores a las que jamás haya aspirado una empresa alemana», dijo Bernotat en la junta de accionistas celebrada el pasado 4 de mayo).
Pizarro tiene su propio proyecto, como ya anunció ante sus encantados accionistas. Ese proyecto se cimenta en unos resultados que superan al de todas sus rivales juntas. Sin embargo, el valor de la compañía no se ha revalorizado básicamente por sus buenos resultados económicos, sino por las expectativas levantadas por la guerra de ofertas públicas de adquisición.
¿Aguantará el valor Endesa si Pizarro insiste en caminar al margen de Gas Natural y de E.ON?
Una vez superado el asedio, ahora llega el momento de gestionar una salida en la que el tiempo es un factor determinante.
Rodríguez Zapatero, enfrascado en su apuesta de paz con ETA, no quiere más ruidos a cuenta de las ensoñaciones expansionistas del tripartito. Eso beneficia a Pizarro. Derrotar a Bernotat será más difícil. Para frenar la ofensiva alemana va a hacer falta el pulso de un auténtico campeón.
casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

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