Equívocos en las declaraciones de don Jaime, deJosé Luis Magro en La Nueva España
El martes 2 de mayo de 2006 publicó la Nueva España unas declaraciones del señor Reinares con el título: «Los populares, ante las elecciones de 2007». Desde que conozco a don Jaime Reinares nuestras relaciones han sido correctas y de una exquisita educación, gracias a que siempre se ha deslindado correctamente el campo de lo personal, de los tramos en los que vas segando la mies con la hoz afilada del discurso racional. Sólo en esta parcela de la cosa pública es donde todos los ciudadanos tenemos derecho a espigar y someter a debate público la calidad del cereal que han cosechado nuestros políticos.
Si me atengo a sus declaraciones, la mies de los dirigentes autonómicos populares ha sido exigua, a medio granar y, lo que es peor aún, con mucha maleza, cuyas semillas deben eliminarse para conseguir el próximo año una añada mejor.
Pero lo que deja a uno sorprendido es que siendo su análisis certero se vuelve equívoco y confuso cuando de aplicar remedios para la futura siembra se trata.
En primer lugar, uno no sabe con certeza quién ejerce el oficio de capataz en esa finca. En teoría, el mando y el poder lo debería ostentar don Ovidio, pero su autoridad anda por el suelo de las encuestas desfavorables, salidas del mismo entorno que dice ahora apoyarlo. Por si fuese poco, dirigentes populares locales pidieron a don Francisco Álvarez-Cascos que encabezara la candidatura. Al rechazar repetidamente tal oferta, volvieron a apoyar la de don Ovidio sin el menor rubor.
La dignidad es la primera virtud que debe atesorar un político si pretende mantenerse en el poder. Una vez perdida, estará siempre sometido a los que se la arrebataron. No gobernará y, lo que es aún más denigrante, irá abandonando por las cunetas a sus colaboradores según lo vayan reclamando los que lo degradaron.
En segundo lugar, su frase condicional, «si Ovidio suspende esta vez quizá debería dedicarse a otra cosa» es un chorro de perplejidades que dejan a uno más atontado que las mangueras de la Policía en una manifestación. Pero ¿quién suspende a quién? Si afirma que da por hecho que «Ovidio Sánchez será quien encabece la candidatura del PP a la Presidencia del Principado, uno presupone que don Ovidio no se va a suspender a sí mismo; y los que están dudando de la calificación son los que deben darla, ante la cantidad de dudas e interrogantes que suscita tal candidatura.
¿Y esto por qué? Pues muy sencillo: La parición de Juan Morales en la escena política ha descolocado a los directores de la obra que estaba a punto de representarse. De no haber hecho acto de presencia este impetuoso y novel actor de Morales, ustedes hubiesen quedado bien con los diosecillos del aparato, apoyando a don Ovidio y también con esos diablos cojuelos de afiliados, críticos con el actual presidente, alegando que no existía ningún otro candidato. Son conscientes de que si mantienen a Ovidio por razones de autoridad, y fracasa, están cavando también su tumba, al no haber dado una oportunidad al que concursaba en esta lid con todos los papeles en regla.
Decantarse por don Ovidio, tras dos derrotas consecutivas, entra dentro de la más estricta legalidad, pero eliminar a un candidato que puede arrastrar, además de los votos de los afiliados, a muchos miles de indecisos, absolutamente necesarios para el triunfo, es una irresponsabilidad política.
Las decisiones tomadas unidireccionalmente por el aparato del partido contra el presidente Marqués arrastraron al Partido Popular a la oposición durante dos legislaturas consecutivas. «Mutatis mutandis» se vislumbra idéntica jugada contra Juan Morales, ejecutada por muchos de los que ya hicieron la primera.
¡Ojalá, señor Reinares y señores del comité, acierten en la elección para el bien de Asturias!
José Luis Magro es profesor de Filosofía
