Durante muchos años dominó en Catalunya una percepción de la realidad en nuestro país extraordinariamente complaciente, promovida por los establishments conservadores que gobernaban España y Catalunya. Y quedaba bien reflejada en aquel famoso eslogan de que España iba bien, a lo cual, el establishment catalán (a través de los medios públicos de la Generalitat, claramente instrumentalizados por las derechas gobernantes) añadía que Catalunya iba incluso mejor; frase que se repetía en el análisis de cualquier sector del Estado del bienestar, fueren la educación, los servicios de ayuda a las familias, la vivienda o la sanidad.

Los datos, sin embargo, no confirmaban tal complacencia. Por ejemplo, el gasto público sanitario por habitante en España y en Catalunya era (junto con Portugal) el más bajo de la UE-15. Y aunque la calidad científica del personal y del equipamiento técnico era avanzada (mejor, en general, que en la sanidad privada), el confort del paciente, el tiempo de visita del médico, las listas de espera y las condiciones de trabajo de los profesionales y trabajadores sanitarios mostraban una situación preocupante; tales indicadores eran peores, no mejores que el promedio de la UE-15.

Estos problemas graves, que se debían en gran parte a la subfinanciación del sistema público, se atribuyeron, sin embargo, a problemas de gestión del sistema sanitario. Mal aconsejados por asesores económicos que señalaban erróneamente que el gasto sanitario público en Catalunya y España era ya el que correspondía por el nivel de desarrollo económico que teníamos, el Gobierno catalán, nacionalista conservador, inició una serie de reformas de tipo liberal inspiradas en las realizadas por la señora Thatcher en el Servicio Nacional de Salud en Gran Bretaña, encaminadas a introducir mercados en el sector sanitario, dando gran poder a los equipos de gestión.

El discurso oficial sanitario hablaba de compradores y proveedores, que debían competir en teoría para servir al cliente (término con el que se definía al paciente), aunque en la práctica servía para reforzar los equipos de gestión, que desarrollaron sus propios intereses. Este modelo de gestión (como también sucedió en la sanidad británica) ha convertido por muchos años en antagónicos a los médicos y a otros profesionales sanitarios que veían cómo la eficiencia (en una estrategia de disminuir los costes) se conseguía a costa de un aumento desproporcionado de pacientes y visitas.

ESTA SITUACIÓN fue empeorando como consecuencia de que el Gobierno conservador español, con el apoyo del Govern conservador catalán, dio prioridad a eliminar el déficit de los presupuestos del Estado español para alcanzar la convergencia monetaria con la UE-15. Y se hizo a costa de que aumentara el déficit de gasto público social, incluyendo el sanitario, con el promedio de la UE-15. Con ello se facilitó y se estimuló el crecimiento de la sanidad privada, objetivo político de ambos gobiernos de derechas.

Por otra parte, esta notable subfinanciación y masificación del sistema sanitario público apenas tuvo reflejo mediático y político debido a que el 30-35% de la población de renta superior del país (que tiene una enorme influencia política y mediática) quedaba protegido de estas insuficiencias al utilizar los servicios sanitarios privados.

El creciente malestar de las clases populares (el 60-65% de la población) causado por los déficit sociales y sanitarios forzó una mayor atención a los temas sociales en la última campaña electoral autonómica, lo cual facilitó el que ganaran las izquierdas, posibilitando que, por primera vez en los últimos 70 años de la historia de Catalunya, las izquierdas gobernaran la Generalitat.

Su programa de gobierno (el Pacte del Tinell) incluye un compromiso de aumentar el gasto público social y sanitario de Catalunya de manera tal que alcanzará, en dos legislaturas, el promedio de los países y regiones europeas de igual desarrollo económico. Es más, contiene el programa de reformas del sector público sanitario más ambicioso que haya existido en nuestro país, incluyendo entre ellas la homologación de las condiciones laborales de los profesionales de los distintos sectores de la sanidad financiada públicamente, y la potenciación de la dedicación de los del sector público, poniendo fin a la jornada de dos horas y media (que permitía compaginar la dedicación a la sanidad pública con la privada), y que, como era de esperar, ha generado muchas resistencias.

¿POR QUÉ entonces esta huelga de médicos en contra del Gobierno tripartito? ¿Por qué ahora y no antes?

Una causa es que las enormes frustraciones existentes tenían que estallar y han encontrado una Administración sensible a sus demandas. Como apuntó uno de los médicos en huelga: "La protesta será ahora más efectiva porque este Govern es más sensible a nuestras demandas".

Otra es la escasez de consultas realizadas con los médicos, enfermeras y otros profesionales que durante años no han tenido (o sienten no haber tenido) interlocutores en sus negociaciones con la Administración pública.

De ahí que la propuesta hecha por la Conselleria de Salut de crear un Consejo de la Profesión Médica de Catalunya sea muy positiva. Estas y otras propuestas son pasos muy importantes para corregir el gran déficit financiero y de corresponsabilidad profesional de la sanidad pública catalana. Naturalmente que tales reformas deben continuar e incluir un incremento muy sustancial del gasto público. Ahora bien, continuar estas huelgas en contra del Govern que más está potenciando el sector público sanitario, contribuirá al desprestigio de la sanidad pública así como al de la propia profesión médica.

VICENÇ Navarro. Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra.