LO último que le faltaba a la derecha española era que la baronesa Thyssen le abra una crisis en su principal escaparate político a cuenta de unos árboles delante de un museo. Esto es, sin embargo, posible porque hay en el PP algunos cenutrios que se dejan dictar la política por radio mientras se afeitan o se maquillan, y han dado en considerar que su problema inmediato no es pararle los pies a Zapatero, sino ponerle obstáculos y zancadillas a Ruiz-Gallardón. Abunda esta especie en el entorno de Esperanza Aguirre -quiero seguir pensando que ella es mucho más inteligente-, donde el cainismo provoca excitación ante la posibilidad de darle al alcalde de Madrid pellizquitos de monja, sin calibrar que el destino de ambos va tan unido que es como si se pellizcasen en su propio trasero. Eufóricos por las encuestas-trampa, se creen sobrados y sueñan con ganar las elecciones solitos, olvidando que en mayo del 2007 les va a salir por el chiquero un miura corniveleto con un pacto con la ETA entre los pitones, y se los puede llevar por delante a todos juntos con la femoral averiada por una cornada de doble trayectoria mientras ellos se enredan con el capote.

En el PSOE, donde no existen ahora mismo dos líderes con la fuerza y el tirón de Gallardón y Aguirre, las discrepancias se esconden bajo la alfombra en los momentos cruciales para que no las aproveche el adversario. Hemos visto a Alfonso Guerra, a Leguina y a otros votar el Estatuto catalán con la nariz tapada, y hasta Ibarra y Bono eran capaces de soltar cortinas de humo de colores cuando el ambiente de su partido se les hacía irrespirable. Pero la derecha parece que disfruta pegándose a sí misma tiros en los pies: no desperdicia nunca una oportunidad de fracaso.

El asuntillo ése de los árboles del Prado es una banalidad que no debería haber salido de las páginas de local de los periódicos, o de las de chismorreo si la baronesa persiste en montar el happening y atar a un plátano (de Indias, of course) su bien esculpido esqueleto envuelto en caros diseños de moda. Si hay un problema técnico se monta una reunión a cencerros tapados, se buscan soluciones y luego se venden a la opinión pública con una foto triunfal llena de consenso y de sonrisas, y se coloca a Tita Cervera en medio para decorar la escenografía. Cualquier cosa menos este espectáculo de navajazos traperos y carnaza para los programas de tomate y salsa rosa.

Pues no. La derecha tiene que montar un cirio y liarse a pedradas a ver si logra romper ella solita su más vistosa vidriera política. Aguirre no puede ganar si Gallardón se queda en la estacada, pero algunos conspiradores de tres al cuarto prefieren ignorar la evidencia con tal de cortarle las alas a un alcalde movedizo, arrojado y volatinero cuyo principal defecto es no ocultar sus ambiciones. Ya lo sentenció el brujo Andreotti, que conoce bien la tortuosa psiquiatría del sectarismo: en política hay rivales, adversarios, enemigos... y compañeros de partido.