Hay que mantener la ayuda de Europa a los palestinos. Eso es lo que acaba de decir el presidente de la República a los presidentes egipcio y palestino. Y tiene razón. Pero, entonces, ¿por qué dejó que su Gobierno adoptase en el Consejo Europeo de Bruselas, por unanimidad, una posición exactamente contraria? ¿Se trata de la vieja práctica del doble lenguaje o de una nueva disfunción entre el presidente y el Ejecutivo francés? En cualquier caso, la suspensión de la ayuda directa de Europa es una decisión que se está aplicando en estos momentos.
Es sin duda delicado adoptar una postura justa en este asunto.Hamas sigue estando en las listas negras de las organizaciones terroristas. No condena los atentados perpetrados en Israel.No reconoce la existencia de este Estado. Su concepción de las relaciones entre la religión y la sociedad se encuentra en las antípodas de la nuestra. Y por lo tanto, concederle nuestra ayuda implicaría, según algunos, un cierto reconocimiento de su organización o una cierta aceptación de sus normas y de sus métodos. Porque Hamas, a pesar de las presiones internacionales, no aceptó plegarse a nuestras condiciones. ¿Habría, pues, que ayudar al nuevo Gobierno palestino, a pesar de que corre el riesgo de contradecir nuestros valores, para conseguir que los palestinos salgan de sus precarias condiciones de vida?
Dejar de ayudar al Gobierno palestino, hacerle incapaz de pagar a sus funcionarios y de asegurar las funciones esenciales del Estado o reducir nuestra ayuda a misiones humanitarias mientras Hamas no haya reconocido a Israel y no haya reprobado el terrorismo, nos permitiría ser coherentes con nuestros propios principios.¿Pero también nos posibilitará ser coherentes con la realidad?
Detener la ayuda internacional a Palestina va a provocar un sufrimiento extremo a la población palestina, ya tan precarizada, y un inmenso desorden en los territorios. Estos, tal y como son hoy en día, viven en estrecha dependencia de Israel, para su aprovisionamiento, para el agua, para el comercio exterior, para sus ingresos y para su empleo. Palestina es totalmente tributaria de la ayuda internacional, especialmente de la europea, para poder hacer funcionar correctamente su administración.
Sus 150.000 funcionarios (que hacen vivir a más de 800.000 personas en Cisjordania y en Gaza) ya no cobran desde el mes de marzo.Si esta situación perdura, provocará un drama humano, una desastrosa inseguridad y, quizás, el caos político. Entonces, no nos servirá de nada invocar la testarudez de Hamas. Nos encontraremos ante la consecuencia directa de nuestras decisiones, ante nuestra propia responsabilidad. Hasta el punto de que no excluyo que nos veamos obligados a cambiar, a toda prisa, nuestra posición inicial por ser insostenible. Tengamos en cuenta que los ayuntamientos locales franceses, más prudentes, siguen en general manteniendo su cooperación con Palestina.
Una catástrofe en los territorios palestinos, la desesperación extendida entre las más amplias capas de la población y una vida insostenible para tantos jóvenes harían más frágil todavía la esperanza de encontrar un día la paz y podrían tener consecuencias peligrosas para la seguridad de Israel. Y me da la sensación de que es algo que está pensando el Gobierno que se está formando actualmente en Israel.
¿Tal situación sería susceptible, al menos, de conducir a Hamas a cambiar sus posiciones, sobre todo respecto a Israel? Nada parece presagiar que lo vaya a hacer sin una inyección política externa y sin conseguir nada a cambio. Lo que puede hacer evolucionar a Hamas es el tiempo. Es la lógica de las responsabilidades, son las obligaciones gubernamentales, es la inevitable cohabitación con Israel en la exigüidad de los territorios ya obtenidos o todavía disputados respecto a las cuestiones del agua, de los aprovisionamientos, del trabajo y de la seguridad ciudadana.
La realidad puede conducir a Hamas a cambiar progresivamente.Y puede conducir también a los palestinos a echar del poder a Hamas, si no es capaz de desempeñar bien su tarea de gobierno o si Al Fatah resurge de sus cenizas. Lo que sí está claro es que sería poco probable que los palestinos, en un contexto de imposibilidad generalizada o de extremo desorden, diesen la espalda a un Gobierno que no pudiese realizar su misión. Al contrario, en ese caso, todo conduciría a la radicalización de la vida política y a actos de desesperación.
¿Es realmente eso lo que queremos? Decimos desear que la democracia avance en Oriente Próximo. Pues bien, en los territorios palestinos se han celebrado elecciones libres, aunque sus resultados no colmen nuestros deseos. Pretendemos actuar para que mañana exista un Estado palestino viable al lado de Israel. ¿Vamos a hacer nosotros mismos inviable el surgimiento de este Estado, impidiéndole pagar a sus servidores, nombrados en la mayoría de los casos por Al Fatah? Tal actitud sería incoherente y arriesgada. Es mejor estar presentes en la realidad de los territorios y vigilar la utilización de nuestras ayudas que dejar que surja, en medio del aislamiento, una posible reislamización de la sociedad palestina.
No soy quién para pronunciarme sobre las modalidades a la hora de mantener o restablecer la ayuda a los palestinos. Hay que contar, evidentemente, con todo lo que puede llegarles a través de las organizaciones no gubernamentales. Pero eso no siempre es suficiente.
Tampoco está nada claro que el Banco Mundial (un organismo en el que la influencia americana es notoria) quiera o pueda hacerse cargo del pago de los funcionarios palestinos. También parece difícil confiar únicamente al presidente de la Autoridad Palestina la gestión de una ayuda y de unos salarios que son indisociables de la función de gobernar. No escapemos, pues, de la realidad de la existencia de un Gobierno legítimamente elegido, al que tenemos derecho a exigir, a cambio, que aplique nuestra ayuda al objetivo para el que la damos.
No tenemos que aprobar la ideología de Hamas. Las demandas políticas que le dirige el Cuarteto son legítimas y justas. Reafirmamos que el reconocimiento del Estado de Israel y el respeto a la seguridad por parte de los representantes palestinos son condiciones sine qua non para cualquier solución política del conflicto entre israelíes y palestinos.
Pero nuestra responsabilidad inmediata y principal es librar a la sociedad palestina del naufragio que la amenaza. Ayudar a los palestinos no es dar cobertura a Hamas. La Unión Europea tomó una decisión apresurada, cuya interpretación es discutible, pero cuyas consecuencias son graves. Hay que retomar la discusión y modificar nuestra postura.
Tenemos que asumir hoy nuestra responsabilidad hacia el pueblo palestino, no abandonándolo definitivamente al aislamiento y a la desesperación, si queremos preservar para mañana la idea de dos Estados vinculados por una paz negociada.
Lionel Jospin fue primer ministro de Francia entre 1997 y 2002.

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