El debate energético. La escalada de los precios del crudo es la principal incertidumbre que planea sobre la economía internacional, pero también sobre una economía española en fuerte crecimiento. Y la seguridad en el suministro es una de sus claves. Los autores profundizan en ambas cuestiones
El petróleo ha vuelto a máximos y, lo que es peor, la tendencia es alcista y buena parte de la subida es permanente. Los economistas y estrategas del mundo hablan de primas de riesgo y exceso de especulación, pero los precios de todos los metales están en máximos. Es cierto que la crisis nuclear iraní aumenta el riesgo de suministro, pero el problema de fondo es que la demanda mundial de todas las materias primas crece por encima de la oferta y los precios no disminuirán hasta que la economía mundial modere significativamente su dinamismo.

Comienza ahora el pico de demanda por la temporada de primavera-verano, donde a la gente le gusta viajar, para disfrutar del clima, y conectar sus aires acondicionados, para protegerse del calor. Los inventarios de gasolinas en EE UU están en mínimos y las refinerías producen al máximo de su capacidad por lo que, en condiciones normales, el objetivo más probable es 80 dólares/barril. Prefiero no hacer una predicción si la temporada de huracanes de 2005 se repite.

Lo más sorprendente es que, con la escalada de los precios del crudo, el FMI revise semestralmente al alza sus previsiones de crecimiento de la economía mundial y mantenga las de inflación en mínimos históricos. Las claves se llaman: productividad, que en el mundo crece un 3,5%, y globalización, que permite que, por medio del comercio mundial y de los mercados financieros, todos nos beneficiemos. Por lo tanto, el mayor riesgo es un descenso brusco de la productividad en EE UU, China y la India. Esto provocaría un virulento repunte de la inflación, los bancos centrales subirían tipos y la economía mundial entraría en recesión. No obstante, la probabilidad que asignamos a este escenario sigue siendo mínima.

Analicemos las implicaciones de una subida permanente del precio del petróleo para la economía española. Como economista me preocupan los desequilibrios que está acumulando nuestra economía, especialmente el diferencial positivo de inflación y el diferencial negativo de productividad. Pero siempre que acudo a un acto público, la pregunta es ¿hasta cuándo soportará nuestro patrón de crecimiento? En cierta medida la pregunta es lógica, desde los sesenta no disfrutamos de un ciclo de crecimiento tan prolongado. La sociedad vive influida por los agoreros, que anuncian el apocalipsis, pero como trimestre a trimestre no llega se ha entregado a los placeres terrenales, como en Sodoma y Gomorra.

Las empresas incrementan su stock de capital a tasas de dos dígitos y la contratación de nuevos trabajadores aumenta aproximadamente un 5%, según la última EPA. Los consumidores están tan preocupados por su futuro que, a pesar de que todos los combustibles superan un euro por litro, cada puente baten récords de kilómetros de atascos en nuestras carreteras. No hace falta estudiar una carrera de Económicas para entender que, atendiendo a los fundamentos internos, a nuestro patrón de crecimiento le quedan varios años de vida. Por lo tanto, el riesgo debemos buscarlo fuera de nuestras fronteras.

El mayor riesgo sería una subida brusca de los tipos de interés. En ausencia de un repunte de la inflación mundial, los tipos de interés en el mundo seguirán bajos en términos históricos. Pero seguirán especialmente bajos en Europa. Un petróleo caro es la peor medicina para los deprimidos consumidores alemanes, que ven cómo su renta disponible apenas crece y su capacidad adquisitiva disminuye. Sólo faltaría que llegara el BCE y subiese sus tipos más de la cuenta para acabar de hundirles en la depresión. Hoy se reúne la autoridad monetaria y será interesante conocer la interpretación que hace el BCE del impacto de la subida del petróleo sobre el crecimiento y sobre la inflación pero, en el escenario más optimista, los tipos oficiales no estarán muy por encima del 3,5% antes de 2008.

Por lo tanto, dejemos de preocuparnos por nuestro crecimiento y pasemos a preocuparnos por cómo corregir nuestros desequilibrios. Un petróleo más caro ampliará nuestro diferencial de inflación y reducirá nuestros tipos de interés reales. Por suerte, el euro se aprecia con fuerza con el dólar y compensa el efecto. Pero un euro fuerte perjudica seriamente a nuestro sector turístico y a nuestras exportaciones fuera de la zona de influencia del euro. Conclusión, veremos cómo nuestro déficit por cuenta corriente continúa deteriorándose.

En estos momentos se elaboran las líneas maestras del Presupuesto y debemos confiar en que el Gobierno mantenga el objetivo de superávit presupuestario para 2007. Pero la prioridad es trasladar, en la mayor medida posible, la subida de los precios del petróleo a los consumidores. Nuestra economía seguirá creciendo y creando empleo, nuestra inflación empeorará, pero los españoles tomarán decisiones más acordes con el nuevo escenario internacional.

José C. Díez. Economista jefe de Intermoney.