El premio Casa Asia de Barcelona del 2005 fue otorgado a la joven Mukhtar Mai, nacida en un pequeño pueblo de Pakistán y violada por cuatro hombres del clan de los Mastoi, como venganza contra su hermano menor.
Todos de religión musulmana. (Los occidentales también violan, pero ya no lo hacen en nombre de Dios, como durante la Conquista de América). Analfabeta, Mukhtar Mai firmó con el pulgar los documentos en blanco que la policía local le dio para engañarla.
Su opinión no puede ser más precisa y aguda: «los hombres nos mantienen analfabetas para poder dominarnos mejor».
Después de luchar con la colaboración de muchas mujeres de todo el mundo, consiguió que encarcelaran a los violadores y que la ministra de la Mujer le diera un cheque de ocho mil dólares como indemnización. Ella lo arrojó al suelo y le dijo: «¡Lo que yo quiero es una escuela para las niñas de mi pueblo!»
Había aprendido la lección: la enseñanza libera. Pero también el valor.
Sus violadores han recuperado la libertad casi enseguida, por ser hombres y poderosos, pero ella sueña con que la instrucción y la cultura ayuden a las niñas de su pueblo a rebelarse, a dejar de ser objetos.
Bravo, Mukhtar, lo has hecho muy bien, y te seguiremos ayudando para que las mujeres gocen de los mismos derechos que los hombres y no sean objeto de intercambio o botín. Como intentamos ayudar a las miles de obreras de Juárez, México, cuyos cadáveres atrozmente mutilados aparecen un día sí y otro también en las proximidades de las fábricas extranjeras donde trabajan, sin que las autoridades, ni los investigadores consigan descubrir la siniestra mafia que hay detrás (Roberto Bolaño lo denunció en su libro póstumo, 2666, igual que Carlos Monsivais y Elena Poniatowska).
Las mafias tienen diversos nombres en el mundo, Mukhtar. Se llaman clanes, tribus, a veces se llaman familia y otras, partidos políticos.Su característica común es que incluyen a ninguna o a pocas mujeres, y a éstas, siempre que callen y otorguen. Algo contra lo cual tú te has rebelado. Para quien esté por la labor, has difundido tu dirección electrónica: mukhtarmaiww@yahoo.com.
Yo quiero que sepas que las amazonas no estamos tan cansadas como para dejar de echarte una mano, y que a veces, hay hombres también dispuestos a hacerlo. Lo acaba de escribir Rojas Marcos, que vela por nuestra salud psíquica: el sentimiento de que no podemos cambiar el mundo con nuestra voluntad y nuestros actos, genera depresión.
Y de la depresión al infarto hay un corto camino. (Las mujeres nos deprimimos por lo contrario: porque tenemos demasiadas cosas que hacer y el día no nos da, pero ese otro tema. Paso a paso, Mukhtar.)
Has aprendido que no estás sola. En lugar de suicidarte, optaste por luchar. ¡Enhorabuena!

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