Invertir bajo el paraguas de las tres ‘U’ es la última moda en Reino Unido. En un mercado bursátil cuyo comportamiento no todo el mundo acierta muy bien a comprender, los gestores británicos parecen poner su atención en aquellas compañías indeseadas (unloved), infravaloradas (undervalued) y con poca presencia en las carteras a nivel global (underowned) como base para la elaboración de una cesta de acciones que pueda tener mejor comportamiento relativo si las cosas vienen, en un momento dado, mal dadas. El principio rector parecer ser lo contrario de lo que cualquiera, en su sano modelo de gestión, aplicaría: the worse, the better. ¿Tiene sentido? Puede. Veamos.

La base de esta apuesta es triple: por una parte se buscan compañías que sean buenos negocios, pero mal gestionados o con capacidad de ser reorientados estratégicamente. En un momento en el que la liquidez existente en el sistema es de una magnitud como la actual, antes o después estas compañías estarán en el punto de mira tanto del capital riesgo como de los gestores tradicionales. Muchas veces hay que leer entre líneas y lo que para algunos es una crisis, seguro que para otros es una oportunidad. Habría que recordarle a Juan Abelló a qué precio vendió unas Abengoa que ahora cotizan, injustificadamente, quede claro, por encima de los 25 euros.

La compañía se ha reinventado y ha hecho del renovable su leitmotiv. Ha sabido reorientarse en un momento dado y el mercado ha premiado a la acción. Bayer en Alemania es otro buen ejemplo de una firma a la que, pese a ser conocida universalmente por su aspirina, los inversores le atribuían ratios de compañía química y no de farmacéutica. Ahora muchos tienen una farma comprada a precios muy inferiores a los que cotiza el sector.

En segundo lugar, se buscan ineficiencias de mercado. No es ajeno a los que nos movemos en esta vorágine maravillosa que son las bolsas, la tendencia de muchos analistas a seguir al mercado con independencia de la realidad empresarial o microeconómica o macroeconómica que rodean a la compañía o sector objeto de su análisis. No hace falta ir al manido ejemplo de Terra. KPN llegó a ser valorado en su momento a 230 euros igual que France Telecom fue considerada para muchos una ‘venta’ dos años más tarde, cuando cotizaba por debajo de 10 euros y sus bonos rentaban por encima del 15%.

Cuando las ramas no dejan ver el bosque, uno puede pensar que el Estado francés va a dejar que quiebre su ‘teleco’. Economía-ficción sería dejar a Francia sin telefonía fija. ABB y Alsthom son recientes ejemplos de compañías que, compradas cuando nadie las quería, han generado extraordinarios retornos a sus titulares. Acumular recomendaciones negativas no tiene por qué ser, de forma descontextualizada, negativo en sí. The trend is your friend para lo bueno y... para lo malo.

En último término lo que se busca es ese perfil de compañías que puede ayudar a dar consistencia a la cartera por estar todo lo malo metido en precio. Un ejemplo claro sería la Marks and Spencer de hace tres años o el Carrefour del que se han salido los Alba hace dos telediarios. Compañías que habían agotado al mercado con un cúmulo constante de malas noticias, donde los analistas habían tirado la toalla, pero en las que, si uno hacía el ejercicio de cuánto valían los activos de la empresa, se daba cuenta de que el valor de reposición era muy superior a la valoración que le atribuía el mercado. Ha bastado un repunte de los precios de la alimentación en Carrefour o una mejora del equipo gestor de M&S para que ambos valores se dieran la vuelta. Paradigmático en España es esa Cortefiel opada a 17 euros y pico que llegó a valer sustancialmente por debajo de sus activos inmobiliarios apenas tres años antes.

Compañías que acumulan recomendaciones de venta, con poca presencia en las carteras de los gestores, un trading languideciente y capacidad de mejora operativa y financiera se han convertido en un preciosos tesoro que muchos quieren encontrar. BBVA, le doy una pista. Lloyds TSB es una de ellas. De nada, gentileza de El Confidencial.