«Yo no soy tonto», de Salvador Mas en El Mundo
Durante los últimos años, la banca tradicional viene ganando cuota de mercado en la gestión de clientes de rentas medias y altas a las entidades especializadas en banca privada. Muchos, que hasta hace no mucho pronosticaban que sucedería lo contrario, lo achacan a la baja cultura financiera del cliente español.
Seguro que este razonamiento tiene parte de razón, pero hay que ver más cosas. En primer lugar, este tipo de afirmaciones suele infravalorar el dinamismo comercial de la banca, de nuevo patente en el éxito de departamentos de banca personal y privada, a menudo de muy reciente creación. Se suele objetar que estas unidades no tienen un auténtico enfoque de cliente, ni una arquitectura abierta de productos y demás, pero esta objeción tiene cada vez menos fundamento. Primero, porque disponer de todos los productos de inversión del mundo mundial tampoco es garantía de eficiencia.Y segundo, porque aunque quede mucho camino por recorrer, hay una clara tendencia a mejorar las propuestas de inversión y el seguimiento de las carteras.
Se dirá entonces que lo que se ofrece son soluciones industrializadas y poco a la medida, como si la tecnología excluyera las posibilidades de personalización. Cuando es justamente lo que las permite. Pero hay veces que parece que el valor en este segmento estuviera en hacer las cosas a mano, cuando debiera ser al revés: para un gestor, sin tecnología adecuada, se hace complicado el seguimiento de la gestión y los resultados acaban siendo inferiores a los que ofrece un buen fondo de inversión más generalista, cuyos partícipes podrían recurrir a aquello de «Yo no soy tonto».
Salvador Mas es director general de Openfinance.
