La revisión de las directrices regionales de Ordenación del Territorio, cuyo avance se somete a información pública estos días, representa una nueva apuesta del Gobierno del Principado de Asturias por consolidar su papel de liderazgo, desde lo público, en la transformación socioeconómica y territorial de Asturias, con el objeto de mejorar la calidad de vida y las oportunidades de los asturianos.
Los territorios que emplean la política territorial como base para su planificación estratégica han demostrado, en muchos países de nuestro entorno, ser los que se encuentran en mejores condiciones para afrontar los retos y las oportunidades del futuro. Conscientes de ello, los primeros gobiernos socialistas de nuestra comunidad autónoma hicieron un enorme esfuerzo en este sentido: sentaron las bases legislativas necesarias y elaboraron las primeras directrices regionales de Ordenación de Territorio del año 1991, que fueron pioneras en toda España.
Las directrices regionales del año 1991 entendieron que el territorio asturiano estaba fuertemente fragmentado, con un centro dinámico, pese a los procesos de reconversión, y unas alas también en reconversión, de tipo agrario, mal comunicadas con el centro lo que agravaba su situación. Las directrices sentaron las bases políticas para que el esfuerzo de los asturianos hiciese posible que nos encontremos en la situación actual, en la que se requiere una reconsideración del modelo territorial de Asturias para dar un nuevo impulso a su desarrollo.
En efecto, la profunda transformación económica y el desarrollo de nuevas infraestructuras de comunicación hacen que el territorio asturiano esté superando esas fracturas territoriales y que tienda a una mayor cohesión social y territorial. Por eso es el momento adecuado de plantear la revisión de las directrices con un objetivo fundamental: que Asturias se transforme en un territorio cohesionado en el que su área metropolitana central y el resto de ámbitos complementen sus funciones territoriales para que su diversidad mejore sus oportunidades de desarrollo.
Como ya ha sido habitual en el desarrollo del Plan del Litoral (POLA), no es necesario que las directrices estén aprobadas definitivamente para que el Gobierno esté trabajando ya intensamente en la ejecución de las apuestas de estas directrices. Consciente de la necesidad de vertebrar el territorio, el Gobierno ha planteado dos importantes apuestas para los territorios hoy menos accesibles, los del Occidente. En efecto, la importancia de una comunicación ágil hacia la meseta se plasma en la vía del suroccidente que va a comunicar La Espina con Ponferrada (con la determinante implicación del Gobierno de España), así como en los acuerdos con la Xunta de Galicia para la mejora de los accesos desde la A-6 hacia los Oscos y Grandas de Salime.
Del importante número de propuestas de las directrices en el ámbito regional quiero destacar especialmente lo que tiene que ver con las políticas de cooperación y colaboración, en las que los ayuntamientos ya juegan un importante papel que las directrices pretenden impulsar. Las directrices delimitan varios ámbitos de tipo comarcal que responden a la voluntad asociativa de los concejos manifestada en mancomunidades, consorcios u otros entes de colaboración vinculados a los programas de desarrollo rural. La línea de colaboración emprendida en este sentido ha de ser reforzada en este momento: en primer lugar, para que los ayuntamientos, a través de dichos órganos, discutan sobre el territorio y puedan plantear sus propuestas de política territorial adecuadas a la escala de su ámbito que puedan incorporarse a las directrices por tener un carácter regional; en segundo lugar, para que se afiance una política de cooperación en la gestión de determinados servicios públicos que permita, huyendo de localismos, dotar al territorio de un conjunto de nuevos equipamientos de mayor calidad, priorizando el criterio de mejor calidad en la prestación del servicio para el ciudadano, con independencia de que viva en otro concejo de la comarca. Frente a la idea de contar en todos los municipios con los mismos equipamientos se impone la realidad de que muchos de ellos no pueden ser mantenidos por los concejos más pequeños, por lo que será más interesante profundizar en esas fórmulas de cooperación intermunicipal para que la gestión de los equipamientos permita a todos los asturianos un acceso equivalente al mayor número de servicios. En cualquier caso, éste es un momento idóneo para que los concejos planteen propuestas de alcance comarcal para sus territorios que, sin duda, serán bien recibidas desde el Gobierno regional.
Las directrices abordan de manera específica el espacio metropolitano central, una realidad ya reconocida como tal en la planificación sectorial del Estado y en determinados foros de la Unión Europea que el Gobierno pretende consolidar, fundamentalmente en esa escala internacional, especialmente a través del observatorio territorial europeo (ESPON).
El documento plantea una serie de propuestas de intervención en el territorio metropolitano que parten de la definición de los criterios para identificar los ámbitos a preservar del territorio que, en muchos casos, habrán de servir para la configuración del sistema territorial de espacios libres del área central en el que habrán de insertarse los parques periurbanos, como el del Naranco, en el que ya se trabaja intensamente.
Entre las demás propuestas quiero destacar lo que va a suponer la inmediata ordenación territorial del ámbito de confluencia de los concejos de Oviedo, Siero y Llanera, el espacio de mayor oportunidad de la región y con importantes necesidades de vertebración de este territorio tan segmentado por las infraestructuras.
En este caso en particular y en el conjunto del área central el transporte público va a jugar un papel decisivo. No tiene sentido concebir una planificación territorial en la que el transporte público no esté presente: los lugares de residencia y de actividad han de concebirse, desde su origen, con una estrecha vinculación a los sistemas actuales o a otros nuevos de transporte metropolitano lo que, en coordinación con el Consorcio de Transportes de Asturias y el papel que pueda representar Feve, garantice una mayor funcionalidad del área central y reduzca las emisiones contaminantes producidas por los automóviles.
Como ya dije, en estas y en otras propuestas ya se está trabajando simultáneamente a la tramitación de las directrices (ZALIA, parque metropolitano del NalónÉ) y tendremos ocasión de ver significativos avances durante los próximos meses. En este momento pretendo reclamar la atención y la participación de todos los asturianos en este proceso que se abre para que, con consenso, seamos capaces de plasmar el modelo territorial de futuro que queremos para Asturias y que nos permita seguir aumentando las cotas de calidad de vida que hoy tenemos.
Francisco González Buendía es consejero de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras.

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