El ecuador de la legislatura coincide con un momento dulce para el Gobierno de Zapatero. La estrategia de aislamiento del PP ha dado resultado y, por el momento, no son visibles las consecuencias del boquete abierto en el casco del Estado de las autonomías por el torpedo que representa el Estatuto de Cataluña.
El alto el fuego permanente de ETA, tras una negociación cuyos términos aún se desconocen, es la guinda que hace pensar al presidente del Gobierno no sólo en la continuación de su feliz singladura, sino en poder alcanzar su sueño más anhelado: lograr la mayoría absoluta y enterrar definitivamente los fantasmas del 14-M.
Todo ello no sería posible sin una economía que continúa generando empleo y crecimiento... de momento.
Sin embargo, los últimos datos de inflación y la Encuesta de Población Activa son los primeros síntomas de que la plácida travesía de la economía española puede empezar a sufrir turbulencias en los próximos meses.
Paradógicamente, las buenas noticias que llegan desde el exterior se transforman en amenazas para un sistema productivo demasiado dependiente del consumo, de la construcción y del turismo.
Los expertos esperan que la economía mundial crezca este año en torno a un 5%, empujada no sólo por EEUU, sino también, y esto es muy importante, por Alemania y Japón, que empiezan a salir de su prolongado letargo.
Ese tirón, que podría ayudar a nuestras exportaciones, tiene, por contra, graves contraindicaciones. Primero, porque no va a ayudar a que los precios del petróleo bajen significativamente.Y, en segundo lugar, porque esa aceleración del crecimiento, tanto en EEUU como en Europa, va a seguir impulsando subidas de los tipos de interés para tratar de frenar la inflación (el euribor se sitúa ya en el 3,22%).
La reciente experiencia demuestra hasta qué punto la economía española es vulnerable a las subidas de tipos. En el año 2000, el Euribor subió del 3% al 4%. A los 12 meses, la economía española pasó de crecer al 4% a hacerlo sólo al 2,5%.
Esa relación tan estrecha es bastante lógica. Los tipos afectan a las hipotecas (en estos momentos el endeudamiento supone el 120% de la renta disponible de las familias), y, por lo tanto, cuando se produce una subida de las cuotas mensuales, inmediatamente hay una reducción del consumo.
Además, a ese menor consumo hay que añadir la pérdida de competitividad de la economía española (provocada en parte por el diferencial de inflación), lo que no permite aprovechar suficientemente el tirón de los países de la UE con un aumento en paralelo de nuestras exportaciones.
¿Significa eso que se va a producir un frenazo económico que puede afectar sensiblemente al empleo a corto plazo? No. Este año la economía española puede crecer en torno al 3% y no se va a producir un sensible aumento del desempleo.
Pero, a 12 meses vista, todo hace pensar que se va a producir una ralentización que se visualizará en el mercado de trabajo.Al igual que se produjo al comienzo de esta década con un Gobierno del PP que supo reaccionar acelerando el programa de reformas.
Seguramente, ese panorama, del que es consciente el ministro Solbes, será tenido en cuenta por Zapatero a la hora de fijar la fecha de las próximas elecciones generales.
El PP, que ha hecho bandera de la ruptura del modelo de Estado para desgastar al Gobierno socialista, no ha podido apenas esgrimir su buena gestión económica como contraste a la falta de iniciativas del Gobierno del PSOE.
Y eso ha sido, en parte porque la inercia y la habilidad de Solbes no han dado demasiados argumentos para ello y, en parte también, porque el equipo económico del PP no es precisamente el dream team que cabría esperar en un partido que hizo de la economía la estrella de su gestión. Miguel Arias Cañete hace lo que puede, pero eso parece insuficiente.
¿Qué fue de aquel equipo que se conformó en torno al hoy director gerente del FMI? Pues, sencillamente, que la elección de Mariano Rajoy como candidato y la pérdida de las elecciones generales le expulsó de los cuarteles generales de la calle de Génova.
En los próximos días, el ex ministro de Hacienda y ahora eurodiputado, Cristóbal Montoro, va a llevar a cabo una especie de reagrupamiento de aquel grupo liderado por Rodrigo Rato.
Se trata de la creación de un think tank nucleado en torno a la sociedad Montoro y Asociados, que será inscrita en el registro en los próximos días.
El ex ministro será su presidente y primer accionista. A la nueva sociedad se integrará como primer ejecutivo Ricardo Martínez Rico, ex secretario de Estado de Presupuestos. En su staff figurarán otros nombres sobradamente conocidos como José Manuel Fernández Norniella (ex presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio); Salvador Ruíz Gallup (ex director de la Agencia Tributaria); José María Michavila (ex ministro de Justicia, que colaborará con su despacho en los asuntos jurídicos); Luis de Guindos (ex secretario de Estado de Economía y ahora presidente para España y Portugal de Lehman Brothers y que será una especie de consejero asesor), entre los más conocidos.
Montoro y Asociados no sólo se dedicará a realizar sesudos analisis de economía en general, sino que asesorará a empresas familiares de mediano tamaño en sus inversiones en el extranjero, en el diseño fiscal de sus estrategias (incluidas naturalmente fusiones, OPAs, etc), en su política corporativa o en asuntos relacionados con la regulación y el mercado europeo.
Rato está al tanto de la creación de esta sociedad, a la que ha dado su bendición, así como Aznar y, naturlamente, Rajoy.
En una segunda fase, una vez consolidada, no se descarta la incorporación de otros colaboradores del ex ministro de Economía y Hacienda como Juan Costa (el ex secretario de Estado de Hacienda se ha reincorporado a Ernst and Young); Ignacio Ruiz Jarabo (ex presidente de la Sepi, que ha montado su propio despacho); Rafael Cámara (ahora en Deloitte); Elena Pisonero (ex secretaria de Estado de Comercio y Turismo), o José Folgado (ex secretario de Estado de Energía).
Sus promotores esperan que Montoro y Asociados se convierta pronto no sólo en un buen negocio (al margen del asesoramiento a empresas de mediano tamaño también echarán sus redes a las cajas de ahorros, a los gobiernos autonómicos e incluso a los organismos multinacionales), sino, sobre todo, en un punto de referencia del análisis económico.
Los miembros de este potente think tank, que en numerosas ocasiones han sido requeridos por el PP para asosorarle en cuestiones de calado como la financiación autonómica o la OPA de Gas Natural sobre Endesa, esperan y confían en seguir manteniendo en el futuro una relación privilegiada con el partido.
Cuando se le pregunta a su principal inspirador si no teme que su compañía sea etiquetada como «el club de los chicos de Rato», responde sin ningún tipo de complejos: «Para nosotros ser considerados miembros del equipo de Rodrigo no es un desdoro, sino, todo lo contrario, un orgullo». Mirando al futuro, y sobre las posibilidades de integración de Rato en este think tank cuando se cumpla su mandato como gerente del FMI, Montoro es más escéptico: «A mí me encantaría, pero es una decisión suya, claro».
casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

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