Tiempo muerto mientras bullen nuevas ideas, de Enric Juliana en La Vanguardia
Como si de un partido de baloncesto se tratase, Madrid, el Madrid que manda y conspira a destajo, ha pedido tiempo muerto. Después de seis meses de infatigable pressing sobre la zona catalana, la flexión vasca ha generado un vacío táctico de notables proporciones que apenas ha podido ser taponado por el pensamiento navarro, esa proverbial furia del requeté ante cualquier atisbo de relajación e incertidumbre. España no sería como es sin Navarra, tierra en la que nadie está convocado a la duda, ni los que sueñan con el Gran Euskadi, ni los que se agarran a Castilla sin renunciar al fuero. Navarra no se rinde, pero el tiempo muerto se impone.
El Centro de Investigaciones Sociológicas ha certificado esta semana el cambio de rasante después del alto el fuego de ETA. En el breve lapso de un mes, de febrero a marzo, ha aumentado en ocho puntos el número de españoles que consideran la situación política buena o muy buena. Y el porcentaje de los que lo veían todo negro se ha reducido en diez puntos. ¿Milagro? No. Ha bastado que el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición se diesen la mano en las escalinatas de la Moncloa. Lo cual confirma un rasgo estructural de la sociología española: la estabilidad económica y la formalidad política sumadas convierten al gobierno, a cualquier gobierno, en imbatible. Por ello Madrid está estos días en tiempo muerto, rumiando la jugada. Sudorosos, los partidarios del pressing temen que un cambio de táctica defraude a la audiencia. ¡Dales caña, Federico! Y hay una derecha más liberal, en el sentido clásico del término, focalizada estas semanas por el diario ABC,que comienza a defender sin complejos el moderantismo,sin perder ese punto altivo de las elites españolas. Se trataría de una agresividad inteligente y escalonada que obligase al PSOE a fajarse en la zona de la economía y de los asuntos sociales, que es donde hoy se dirimen las grandes batallas en la atemorizada Europa. Así está Madrid en vísperas del Dos de Mayo; en tiempo muerto y envuelta por una primavera cálida como un turbante de seda.
"La posible solución del problema de ETA es percibido por la sociedad como algo profundo y positivo; casi como la superación de un pecado original. Estamos ante un evidente cambio de clima, pero cuidado con sacar conclusiones precipatadas". Cauto, en mangas de camisa y casi neoyorquino a la hora del almuerzo, quien así se explica es el sociólogo Fernando Vallespín, actual director del CIS e introductor de algunas novedades interesantes en las encuestas del gran laboratorio demoscópico español, como la distinción entre viejas y nuevas clases medias, matiz que ofrece interesantes datos de tendencia política, también en el rompecabezas catalán.
Además de indagar cuáles son las nuevas corrientes en un país todavía templado por la ecuación democracia y Europa igual a bienestar e igualación, el profesor Vallespín tiene tiempo para leer a Zygmunt Bauman y por tanto sabe que es hora de relativizar el viejo concepto de ciclo histórico. Los ciclos han perdido solidez y recorrido. Carente de grandes referencias, brumoso el horizonte, el humor social tiende a comportarse como una ameba, mórbida y cambiante. Casi líquida. Transformada la historia en endoplasma, el lunes España se rompe y el martes se recompone. Una mañana todo apunta en una dirección y a la siguiente el orden de ayer se ha descompuesto en un anárquico griterío. La política es hoy lucha por el sentido. Lucha por el relato. Bauman, de origen judío, lo sabe bien. Su mérito no estriba tanto en la construcción de una nueva doctrina - no habrá baumanistas-sino en la capacidad de transformar el caos contemporáneo en narración. Bauman es bíblico.
Y en esa corriente se inscribe Daniel Innerarity, profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y miembro del Partido Nacionalista Vasco, un hombre al que conviene leer. Arropado por Vallespín y por su apellido de novela inglesa, el profesor Innerarity ha presentado esta semana en Madrid El nuevo espacio público,ensayo en el que aboga por una renovación del concepto de bien común en el desfiladero de la inmediatez y por una concepción cooperativa del poder: un Estado menos jerárquico y tecnocrático, más dispuesto a superposición. Interesante Innerarity, elevándose por encima de la fatigante querella entre liberales airados y progresistas melancólicos.
En España todavía hay gente seria. Otros gritan, lo cual no quiere decir que no piensen: el grito es fruto de una estrategia muy meditada. La ruptura sistemática del consenso es hoy una eficaz arma política. La furia asusta a las amebas. Y luego está la cosa de Catalunya. Un tráiler a ciento treinta por la autopista con un grupo de adolescentes pisando los pedales después de haber trastocado, quizá para siempre, la noción de España. En la cabina suenan Els Pets.
