A la ya que empieza a ser una larga lista de fracasos del presidente Bush se ha sumado, desde hace un tiempo, el de la política de inmigración. En su primera campaña electoral, la que precedió a las elecciones del 2000, el presidente norteamericano confió la solución de buena parte del problema al acuerdo que se proponía firmar con su colega mexicano Fox. Por aquellas fechas, había cinco millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos, mexicanos en buena parte. El acuerdo nunca llegó a firmarse. Hoy hay más de 11 millones de ilegales y éstos, junto con muchos de los que tienen papeles, llevan semanas manifestándose para impedir que las cámaras endurezcan las leyes: hay senadores y congresistas republicanos y demócratas dispuestos incluso a apoyar un texto que sancione que la inmigración ilegal es un delito. Bush mantiene una posición más moderada.
En vísperas de la nueva jornada de protesta que tendrá lugar mañana en todo el país, esto ha escrito desde Estados Unidos Paul Harris para THE GUARDIAN: "Norteamérica está convulsionada por un apasionado debate sobre la inmigración. Ambos partidos están divididos, desgarrados entre los poderosos sentimientos anti-inmigración que tienen muchos norteamericanos y el dato de que el voto de los hispanos tiene un peso cada vez mayor. ... Los críticos dicen que las cifras hablan por sí mismas. Subrayan que en el 2050 los hispanos serán la cuarta parte de la población y que cambiarán Norteamérica, en vez de ser cambiados por ella".
Y esto decía ayer el primer editorial de THE NEW YORK TIMES: "Un perturbador silencio despertará a Estados Unidos el lunes. La nación quedará sacudida por el vacío de millones de inmigrantes que no irán a trabajar, que no harán compras y que no acudirán a las escuelas. El ruido vendrá después, cuando muchos de esos mismos inmigrantes tomen las calles, protestando y cantando en un coro continental de quejas. ... Muchos defensores de la causa de los inmigrantes están trazando una línea divisoria entre las manifestaciones pacíficas y las huelgas y boicots punitivos. Los que defienden una confrontación agresiva traen a colación la época de la lucha por los derechos civiles. Pero es una comparación superficial. Las leyes actuales sobre inmigración, las que existen y las que se proponen --incluso las más punitivas-- hasta pueden ser descerebradas, impracticables o carentes de generosidad. Pero no son las leyes que consagraron la segregación. ... Hay que hacer grandes esfuerzos y construir complejos consensos para una amplia reforma sobre la inmigración. Se puede, y se debe, mover a los gigantes dormidos. Pero hay que hacerlo con mucho cuidado".
Y como estrambote, el comentario que ha merecido al editorialista de LA REPUBBLICA Massimo Giannini el resultado de la primera jornada de votaciones para elegir al nuevo presidente del Senado italiano: "En lugar de hacerse aventuradamente a la mar, el centroizquierda corre el riesgo de naufragar. La primera legislatura 'a la milésima' de la historia italiana no logra nacer. Andreotti pierde, pero Marini no gana. Una vez más, no se enfrentan dos fuerzas espectaculares, sino dos debilidades especulares. Pero la no-lograda victoria del segundo, corre el riesgo de hacer más daño que la derrota del primero".

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