"Como los antiguos griegos, deberíamos tener una ceremonia un mes después del parto en la que el infante es admitido en la comunidad. Sólo en ese momento, a los niños se les reconocerían los mismos derechos que a las personas", escribe Peter Singer, padre del Proyecto Gran Simio en el que se basa el proyecto de ley que ha presentado en el Congreso el Partido Socialista para equiparar los derechos de los monos –a excepción de los mandriles, que tienen el culo rojo- con los de las personas. Sigo con la pieza, porque no tiene desperdicio, y forma parte de un artículo escrito por el tal Singer en el año 2000 titulado: Matar a los bebés no siempre está mal. Lo que propone Singer, al estilo de lo que hacían los espartanos, es una ceremonia para eliminar a niños defectuosos, salidos de fábrica con algunos problemillas, tipo síndrome de Down o parálisis cerebrales de toda clase. En la citada ceremonia, en la que, según Singer, se complacería a los asistentes con “pasteles y refrescos” para amenizar la espera, un equipo de médicos explorarían al infante. Si el bebé pasa la prueba, directamente es recibido con los brazos abiertos por la comunidad humana. Pero si no la pasa, entonces lo médicos terminan con su vida y, a continuación Singer propone otra clase de ceremonia en la que se acompaña al bebé a la tumba para despedirse de él.
Pues bien, semejante angelito es el autor de cabecera de nuestro querido presidente Rodríguez. Singer cree, por ejemplo, que un caballo o un perro en pleno vigor son animales más racionales y dialogantes que un bebé de una semana. Apoteósico. Se atreve, incluso, a afirmar sin pudor alguno que salvaría antes de un incendio a un ratón que a un ser humano con un daño cerebral irreversible. Es importante conocer las ideas de semejante personaje, porque pueden explicarnos muchas cosas. Peter Singer es un filósofo moralista australiano, hijo de una familia judía austriaca obligada a abandonar su país en 1938 y a emigrar a Australia. Singer fundó el Green Party de Victoria (British Columbia, Canadá) –recordemos que el autor, en España, del proyecto de equiparación de los derechos de los simios a los humanos es un diputado ‘verde’ del PSOE-. En 1999 se trasladó a los EEUU, donde enseña actualmente filosofía moral en el Center for Human Values de la universidad de Princeton, en la que es titular de la cátedra Ira W. DeCamp. Es el fundador de la Asociación internacional de Bioética y coeditor, junto con Elga Kuhse, del Journal of Bioethics. Entre sus obras se cuentan Liberación animal, Ética práctica, Ética para vivir mejor, Repensar la vida y la muerte o Una Izquierda darwiniana. En 1993, Singer encabezó junto a otras figuras destacadas por sus intereses animalistas la iniciativa conocida como Proyecto Gran Simio, que además apareció en forma de publicación colectiva ese mismo año, editado por el propio Singer y la animalista italiana Paola Cavalieri.
Pues bien, lo interesante es que Singer se profesa como un darwinista de izquierdas que, sin embargo, reniega de la vieja izquierda inmovilista al tiempo que aboga por una “nueva izquierda” cuyo fundamento ideológico es la consecución del mejoramiento de la salud física, mental, cultural y social de la sociedad, es decir, lo que toda la vida se ha llamado eugenética, y que implica tal trastorno de los valores morales esenciales –no estoy hablando de valores religiosos- que acaba por aceptar la equidad entre seres humanos y seres irracionales. Eso es, exactamente, lo que hace Peter Singer, quien en una entrevista en La Vanguardia, defendía que es mucho más inhumano matar a un chimpancé que a un discapacitado mental: “Tenemos que estar seguros de que se trata de gente realmente discapacitada intelectualmente, así que si el niño no está ni capacitado para reconocer a otra gente, ni para establecer relaciones sociales, ni para disfrutar de su vida, mientras que el chimpancé sí tiene una vida más rica y compleja que ese ser humano gravemente discapacitado, entonces creo que hay menos pérdida en matar a ese humano que en matar al chimpancé”. La filosofía –si es que se le puede llamar así, sin que los verdaderos filósofos se sientan insultados- de Singer se fundamenta en que los animales son portadores de “intereses de naturaleza ética” similares a los de los seres humanos, de tal modo que la ética trasciende el ámbito humano y pasa a regular las acciones entre seres humanos y animales. Una barbaridad que, sin embargo, gana adeptos en un mundo en el que, y en esto coincido con Singer pero por distintos motivos, cada vez hay más seres humanos irracionales, porque hay que estar verdaderamente loco para aceptar este pensamiento como válido.
Lo que parece propugnar Singer es una ética empirista, de corte radical, y carente de todo asomo de razón. El problema es que sin razón no hay libertad, y sin libertad no hay moral que valga, por lo que ningún razonamiento jurídico-ético podría hablar de conducta moralmente responsable. Es decir, que reducido esto al absurdo, el hombre podría actuar de todas las maneras posibles sin que su conducta pudiera ser objeto de sanción penal. Y privados de la razón, los seres humanos nos regiríamos por la ética de las pasiones, lo cual nos lleva a que entre seres humamos y animales prácticamente no habría mayor diferencia que nuestra capacidad cognoscitiva. Las teorías de Singer, sin embargo, tienen tal carencia de lógica que en su afán por defender al reino animal, afirma que el hecho de que el hombre coma carne debería de prohibirse, al tiempo que canta las alabanzas del ser vegetariano. Pero si hombres y animales son prácticamente iguales, ¿por qué no prohibir a los grandes carnívoros la caza de otros animales más débiles e indefensos? Absurdo, ¿no? Pero no lo es para Singer, cuyos planteamientos pecan de una inconsistencia pavorosa pero que, sin embargo, y como decía antes, son bien acogidos por una parte de la sociedad que no es consciente de que la eugenesia tiene un grave precedente en el materialismo y la concepción del hombre como un elemento de la cadena de producción, como un animal más en el ciclo de la vida.
Ese es, no lo duden, el fundamento del proyecto de ley que el Partido Socialista ha presentado en el Congreso. No he querido, a pesar del título y de lo jocoso que puede resultar el asunto, tomármelo a broma, porque en esta España nuestra entre estatutos y treguas, el Gobierno, poco a poco, va impregnando la sociedad, a través de sus proyectos de ley, de sus opiniones y, a partir del próximo curso, con la incorporación a la etapa escolar de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, de un empirismo radical, un relativismo colectivista que rebaja la ética individual a la categoría de egoísmo individualista. Es probable que el diputado Francisco Garrido se haya varios pueblos, como se dice vulgarmente, hasta el punto de que sus propio compañeros de partido han optado por no respaldar su proyecto que, sin embargo, se debatirá en las Cortes. Pero la iniciativa cuenta con el visto bueno y el apoyo animoso del presidente Rodríguez, a quien le resulta plausible el discurso sobre la “nueva izquierda” de Singer y, sobre todo, razonables sus planteamientos de una ética empirista. Rodríguez se ha demostrado un adalid del relativismo y de la ausencia de moral, de ahí que no pueda extrañarnos que en un momento dado impulse el proyecto de ley presentado por el diputado Garrido y en unos meses nos encontremos en la absurda situación de estar discutiendo en el Congreso sobre los derechos humanos de los monos. Llegados a ese punto, no sería irracional –o sí, según Singer- pensar que algún día esta España nuestra pueda convertirse en un ‘reino de simios’ en el que estos entonen aquella canción de los animales de la Granja de Orwell: “Animales de Inglaterra / Animales de Irlanda / Animales de todo lugar y clima / Escuchad la gozosa nueva / de un futuro dorado / Tarde o temprano llegará el día / en que postrado el hombre que nos tiraniza / los feraces campos de Inglaterra / no sean transitados más que por bestias”. ¿Se imaginan quien sería el simio-rey?
fquevedo@elconfidencial.com

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