Varias partituras están sonando al mismo tiempo en el PP local y regional con el consiguiente desconcierto de la derecha asturiana. Por un lado, a Ovidio Sánchez le han dado una palmada en Madrid y le han dicho que él es el hombre que quieren al frente de la candidatura al Principado. Mientras, el diputado díscolo Juan Morales y la plataforma que le acompaña han recogido unas 7.000 firmas que hoy presentarán como aval para que el hombre se postule ante el comité electoral del partido.

En un partido tan piramidal y poco asambleario como el PP pesa demasiado lo que diga Madrid, y en Génova parecen apostar más por un pájaro en mano que un ciento de discrepancias volando.

En Gijón, las circunstancias resultan aún más pintorescas a causa particularmente de la intervención directa de Madrid en el conflicto de los cuatro ediles díscolos. Los críticos con Pilar Fernández Pardo imploran a la dirección nacional del partido una gestora que enderece lo que ellos consideran un deterioro máximo de la junta local. Evidentemente, basan sus expectativas de cambio en que Génova desmantele y se apropie del expediente contra los cuatro concejales que elaboraba la dirección regional, con expulsión incluida.

A día de hoy, todavía no se sabe si los díscolos están fuera o dentro del partido, lo que revela que Madrid cogió el asunto con mucho interés al comienzo y ahora lo deja pudrirse.
La clave interpretativa de todos estos fenómenos sigue siendo el hipotético regreso de Cascos a la política, cuestión que cada vez se considera más despejada, pues se multiplican los testimonios de quienes dicen conocer el «no» rotundo del ex ministro. En tal caso, los mecanismos de una transición sin ruptura hacia un partido sin Sánchez y sin Pardo pero con Cascos no tienen ningún sentido. No obstante, una reciente recogida de firmas a favor del político gijonés, por parte de prohombres de la derecha, pretende ser la última intentona. Entre tanto, el PP anda a ritmo de díscolos.