Los vecinos de varios pueblos del concejo de Ribadesella han anunciado una manifestación para reclamar el saneamiento, un servicio público que les es denegado año tras año. La situación a la que se están viendo relegados estos núcleos rurales es insostenible y los vecinos están al borde de la desesperanza, pues saben que en el plan de saneamiento del Principado vigente hasta 2013 no hay prevista ni una sola obra de saneamiento para ninguno de los pueblos del concejo de Ribadesella. Los vecinos llevan ya varios años protestando de forma pacífica e incluso han recogido firmas para entregarlas en Oviedo, pero hasta la fecha no les han hecho caso alguno (ni a ellos ni al Ayuntamiento), por lo que ahora han decidido iniciar una movilización, para la que han pedido el apoyo de los ciudadanos y las asociaciones. A mi entender, al vecindario le asisten la razón y la justicia, pues todos estos pueblos que ahora protestan están siendo forzados a verter sus aguas fecales a pozos sépticos que funcionan por el sistema de decantación y rebose, lo cual implica que siempre están generando al exterior un flujo líquido maloliente y muy poco agradable. Si estos flujos son molestos en invierno, imagínense en pleno verano cuando se multiplica la población de las aldeas y suben las temperaturas; el problema, entonces, no es ya simplemente de malos olores, sino que entra en el capítulo de la salud pública, una materia también transferida al Principado, que se hace el sueco estupendamente.
Al lado de las labores del campo, la actividad emergente de estas aldeas es el turismo rural y florecen las casas de aldea, los apartamentos rurales, los hotelitos con encanto, los «chigres» y las casas de comidas, establecimientos todos ellos muy atractivos no sólo por lo bien que se está trabajando en este sector, sino por la belleza de un territorio como hay muy pocos en la península Ibérica. Pero, ¡ay!, en medio de este cuadro idílico hay una mancha, un borrón: la falta de saneamientos. Los pequeños empresarios de los pueblos ya han puesto su parte, la más difícil, que es la fe en un negocio, el compromiso de asumir unos créditos bancarios para invertir en el sector turístico y la decisión casi heroica de no emigrar a la ciudad. El aldeano ya ha cumplido su parte y ha hecho exactamente lo que los políticos predican pomposamente («fijar la población al territorio», dicen ellos), pero ahora falta que la Administración del Principado cumpla la suya, que es facilitar las infraestructuras públicas, en este caso, los saneamientos.
Hasta hoy, el Principado ha hecho oídos sordos a los vecinos de los pueblos riosellanos, pero la «sordera» llega a la injusticia (por no llamarla «estafa») en esos muchos casos en los que las autoridades regionales están cobrando el canon de saneamiento a los establecimientos públicos de todos estos pueblos, un servicio del que carecen y que no hay previsión alguna de que lo tengan en el horizonte de 2013. Naturalmente, el objetivo final de la manifestación no es que se les exima del pago del canon (aunque habría que devolverles el dinero cobrado irregularmente durante estos años), sino conseguir un compromiso firme del Principado para realizar el saneamiento integral del concejo de Ribadesella, un municipio que actualmente es uno de los pilares más sólidos del turismo del norte de España, aunque a algunos les moleste reconocerlo, porque en este Ayuntamiento gobierna el PP con mayoría absoluta.
De hecho, hay quienes piensan, con razón o sin ella, que la postura del Gobierno del Principado en este tema es un castigo por el voto riosellano y creen confirmar esa teoría cuando observan que en los municipios vecinos sí que hay saneamientos rurales previstos en el plan regional. Pienso yo que la mejor manera que tiene el Gobierno asturiano de despejar estas sospechas tan malévolas (y que le dan tan mal resultado electoral a Areces) es escuchar el clamor de la gente, rectificar el plan y abordar sin pérdida de tiempo el saneamiento riosellano. Y, por supuesto, devolver lo cobrado injustamente.

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