José Antonio Mendive está pasando por un verdadero calvario. A José Antonio Mendive los canallas le quemaron el pasado fin de semana su negocio, una ferretería, de la que vivían él y su familia, porque el sueldo de concejal de UPN en Barañáin no da para mucho. El ataque terrorista a su ferretería -¿es que se le puede llamar de otra manera?- estuvo a punto de cobrarse vidas de seres humanos, entre ellas la de un bebé de pocos meses, y si hubieran explotado las bombonas de butano industrial almacenadas en la misma, el ataque terrorista se podría haber convertido en una verdadera masacre.
Pero Dios no lo quiso. José Antonio Mendive ha sufrido en su propia carne la experiencia de ser objetivo de la barbarie, y su futuro ahora depende de una subvención del Ministerio del Interior, que ya veremos lo que tarda en llegar porque no sabemos si Rasputín Rubalcaba está más cerca de los que han quemado la ferretería de Mendive que del propio Mendive, una subvención que ni de lejos va a poder compensar los ingresos que el negocio reportaba a la familia. No ha habido víctimas mortales, pero Mendive ha pasado ya a formar parte de la extensa familia de Víctimas del Terrorismo, ésa de la que el presidente Rodríguez reniega, dice que son el pasado y cuya sola existencia parece provocarle toda clase de urticarias y repugnancia.
José Antonio Mendive molesta. Digámoslo así, porque así es. Molesta a los planes de Rodríguez porque nos recuerda a los que todavía tenemos conciencia que los asesinos terroristas no han dejado las armas, y siguen practicando el terrorismo de la extorsión, la amenaza y la kale borroka. Molesta porque recuerda quién tiene la sartén por el mango, quién era la que estaba al borde de la desaparición después de una acción policial eficaz y contundente contra la pandilla de asesinos y su entorno –que hay que recordar que a la luz de los tribunales ETA es ETA-Batasuna-, y ahora deambulan crecidos y orgullosos, henchidos de vanidad y soberbia, por las calles del País Vasco, sapientes de que todo lo que quieran se lo va a dar este presidente cobarde y entregado a su propia desdicha.
Mendive molesta porque su desgracia nos ha puesto a todos frente a la verdad, la de que lo que se está poniendo encima de la mesa es la entrega a la pandilla de canallas su mayor aspiración: la creación de Euskal Herria. Lo cual significa la anexión de Navarra y la autodeterminación de las cuatro provincias. Rodríguez nos miente y lo sabe, porque sabe que su propio destino va unido de pies y manos al destino de este ‘alto el fuego’ y a que la pandilla de canallas se considere satisfecha con la capitulación del Estado. Ahora se comprende lo del Estatuto catalán y lo que amenaza con venir desde Andalucía: Rodríguez necesita que España se desintegre para poder otorgar a la pandilla de canallas todo lo que piden. El Estatuto no era una concesión al nacionalismo antidemocrático y violento de ERC, sino al nacionalismo antidemocrático, violento y asesino de ETA. Tanto el Estatuto como la reforma andaluza dan cobertura a los planes de ETA y del Gobierno, como ayer valientemente denunciaba Mayor Oreja.
La formación de Euskal Herria es la máxima aspiración de la pandilla de asesinos, el verdadero tablero de la negociación que se ha abierto tras el ‘alto el fuego’. Lo es porque las otras dos aspiraciones de ETA –legalización de Batasuna y presos- la pandilla de asesinos las da por hechas, porque ya estaban negociadas de antemano y pactadas por los esbirros del terror y los emisarios de Rodríguez como precio del ‘alto el fuego’ –que no de la ‘paz’-, los mismos que llevan negociando con la mafia etarra desde el día en que Rodríguez pactaba y aprobaba la Ley de Partidos con el PP. Nunca antes habíamos asistido a semejante espectáculo de cinismo y, sobre todo, de consagración de la mentira como eje de la acción política.
Rodríguez no lleva dos años mintiendo: lleva mintiendo desde el mismo día en que accedió a la Secretaría General de su partido como paladín de la Nueva Vía, la izquierda moderada y semiliberal de Tony Blair, y se ha demostrado como el estandarte de la izquierda más radical y sectaria que gobierna en España y algunos países de la América Latina. Rodríguez ha mentido en todas y cada una de sus acciones como presidente del Gobierno, y miente de nuevo cuando dice que Navarra no es objeto de negociación. Lo es, y algunos sabemos en qué términos y de qué manera se piensa violentar la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución Española para que una mayoría en el Órgano Foral navarro conformada por el PSOE y la izquierda abertzale y radical convoque un referéndum en todo el territorio de lo que ETA llama Euskal Herria, y será así porque a quien redactó esa disposición no se le ocurrió delimitar el ámbito geográfico del referéndum posterior a la decisión de la anexión.
El atentado de Barañáin no es la obra de ningún descontrolado de la pandilla de canallas, como intentan hacernos creer los medios oficiales. No hay ninguna ETA Auténtica, como tampoco hubo un IRA Auténtico. Sólo hay una ETA, y sólo hay –porque sigue habiendo- un IRA. Y todo lo demás forma parte de la Gran Mentira que se ha convertido en el eje de la acción política de Rodríguez. Como lo de las cartas. No son solo empresarios navarros los que han recibido cartas de extorsión, sino también empresarios vascos, aunque Confebask las oculte, y todas con matasellos posteriores a la declaración de ‘alto el fuego’. ¿Que salieron antes? Es posible, pero en todas se pide colaboración económica para sostener el “proceso de paz”, que es como llaman ETA y el Gobierno a este estatus post-bélico de una guerra en la que unos eran los que mataban –ellos-, y otros –nosotros- los que morían.
Vamos, que aunque las cartas salieran antes de la declaración de ‘alto el fuego’, ETA ya las envió sabiendo cuándo iban a llegar y en qué situación, por lo que el chantaje y la extorsión no es previa, sino que forma parte de la estrategia del ‘alto el fuego’ y la negociación entre bambalinas que la pandilla de canallas sigue manteniendo con los emisarios de Rodríguez y Rasputín. Por cierto, me gustaría saber qué tienen que decir el Ministerio del Interior y su ministro a esa petición de registro como partido político de una organización abertzale que responde a las siglas de Euskal Herria Ta Askatasuna, es decir, EHTA, que se pronuncia como se pronuncia y que podría suponer un nuevo acto de humillación de esta sociedad adormecida ante la pandilla de canallas. Y es curioso, porque en su página web de lo que más hablan es, precisamente, de Navarra. No les quepa la menor duda: de la mano de Rodríguez, Iruña –Pamplona- acabará siendo la capital del Estado independiente de Euskal Herria, y la sangre de más de mil muertos se habrá derramado inútilmente. ¡Pero duerman ustedes, duerman!

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