En el Partido Popular, sección objetos perdidos y ovejas descarriadas, están enfadados con las maniobras en la oscuridad del clan Zaplana y su jauría mediática, la misma de la que abomina Fraga cuando dice que el pastor alemán de la COPE, también llamado el mandril, está propiciando el nacimiento, por iniciativa nueva o escisión, de un partido de extrema derecha. Fraga está muy activo, como es natural en él, y no para de enredar en la sede del PP —en clara competencia con Aznar desde FAES—, pero desde posiciones más centradas que las que lucen los notorios portavoces del PP afines a la conspiración de la mochila y que se están convirtiendo en un serio problema para el PP.
Un destacado dirigente del PP confirmaba a Marcello en el Congreso de los Diputados que lo de las 215 preguntas sobre el 11M a Rubalcaba era otro disparate más que los dejaba en ridículo. Otro peaje a El Mundo y a los bronquistas de la COPE al margen del interés y la estrategia del propio partido. Llegando a señalar el declarante que, desde estos medios, se han apoderado de la iniciativa parlamentaria del PP con fines nada o poco claros y muchas veces ajenos a la estrategia global de los populares, incidiendo en una inaceptable intromisión externa en la vida del partido. Y a la pregunta de ¿por qué consiente todo esto Rajoy? La respuesta ha sido: “Rajoy ya se sabe cómo es, no quiere líos”.
Lo cierto es que nunca se ha visto en la transición una promiscuidad y activismo tan descarados entre unos medios y sus responsables y los dirigentes de un partido político a los que dichos medios ensalzan, protegen y justifican propiciando, además, la idea de una velada amenaza contra el que se atreva a tocarles un pelo. Se vio cuando Josep Piqué —al que corren a palos sin cesar, igual que a Gallardón— osó pedir a Rajoy un relevo de caras de los portavoces Acebes y Zaplana por estar especialmente ligados al 11M. El diario en cuestión les hizo entonces una foto en Cádiz y entrevista al alimón completamente inusual, como aviso a navegantes del PP.
En fin, allá los del PP si consienten que la coincidencia ideológica se convierta en una amenaza o esclavitud de servicios y directrices políticas bajo el riesgo de recibir una sarta de palos todo aquel que discrepe o que no obedezca. Lo de maricomplejines, el mote radiofónico que le ponen a Rajoy cuando no obedece a los oráculos mediáticos —o no les hacen concesiones de radio y televisión—, es sólo un botón de muestra. Que vaya alguien a Valencia y le pregunte a Camps por las presiones que ha sufrido sobre el reparto de licencias de la televisión digital.
Naturalmente, todo este activismo político y mediático tiene también sus efectos en los medios que usurpan la labor de los políticos. En la COPE los disparates han llevado a esta emisora a numerosos problemas de todo orden, y en El Mundo crece sin cesar el malestar por el giro hacia una derecha extrema y la implicación partidaria del diario en la vida política de manera nada habitual.
Es normal que existan coincidencias y objetivos entre un medio y un partido o una determinada actitud o postura política, pero que se hagan —como se están haciendo— portadas, entrevistas, informaciones y editoriales a favor de este o aquel personaje, entrando en el debate interno del PP y en el debate nacional, utilizando a destacados diputados como agentes al servicio de una línea informativa y editorial como parte de una estrategia en cuyo trasfondo figura, ni más ni menos, que la posible sustitución de Rajoy, porque no confían en su victoria electoral, es un disparate que nada tiene que ver con el periodismo. Pero en el diario El Mundo, ya se sabe, sólo manda su director, y todo lo demás es aleatorio.
Aunque la novedad estriba en el cansancio y el malestar que estas operaciones ya están provocando en distintos niveles del PP, sobre todo porque en ellas está implicado en no pocos casos el propio secretario general del partido, Acebes, lo que es asunto muy grave y además le está creando al PP serios problemas con otros medios de comunicación que son afines al PP pero que no están inmersos en ninguna conspiración.
Naturalmente, esta crisis de la manipulación política e informativa sincronizada existe porque Rajoy, que la conoce, la consiente. Entre otras cosas porque teme las iras de los medios confabulados, y también porque en otras cosas la manipulación le beneficia a él y al PP. Y puede que también porque este modelo de promiscuidad y concertación de la acción política y mediática se practica entre el Grupo Prisa y el PSOE, como se vio, de una manera flagrante, en las vísperas electorales del 14M, cuando Rubalcaba y la SER se movían al unísono, como se mueven ahora, por ejemplo, Zapatero y El País. Aunque en estos casos del PSOE los intereses son más globales y a repartir, y en los otros del PP incluyen capítulos de intereses y ambiciones personales. Quizás por eso el uno y el otro periódico pierden lectores, en el EGM o en la OJD.

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