Antes de que la mayoría de los ricos de España se llamaran Iñigo, los navarros ya estaban divididos entre los euskaldunos y los de la navarrería, siempre obsesionados por los linajes. Desde la época de Don Quijote, a los navarros se les toma por caballeros y a los vascos por simples y preocupados de la sangre limpia.Después se dijo que era incompatible pensamiento y navarro, cuando bajaron de entre las hayas de Urbaza con crestas rojas para matar rojos después de comulgar.
En este puto país siempre tropezamos con los mismos ultras y los mismos realistas. Ahora unos dicen Navarra o muerte; y los otros, antes muerta que euskalduna. El espacio abertzale-Batasuna grita: «No hay solución sin Navarra». «Navarra es la columna vertebral de Euskal Herria». Y, según los alegres muchachos de La Moncloa, Navarra no está en el debate, la polémica es artificial y está siendo atizada por intereses electorales.

Los diputados navarros-navarristas dicen: «Estáis demoliendo España, pero no acabaréis con Navarra». Amenazan con el incendio de las hayas y los tilos y un San Fermín a hostia limpia. Portavoces socialistas contestan: UPN sobreactúa, agita el voto del miedo, Navarra jamás será anexionada al País Vasco. No es cosa de recordar que Navarra aportó más carlistas y más requetés a Franco que ninguna otra ciudad de España (17.000), hasta el punto de que el general les respetó los fueros.

Navarra, como todo, depende sólo de Zapatero, el presidente más presidencialista desde los godos, ahora con su papel de gallo de la paz. No sabemos qué piensa de Navarra, ni qué le dirá del asunto a Rajoy, al que ya le está poniendo cara de perdedor.Zapatero ha logrado todo el poder sin un mal grito.

¿Cómo valora el Gobierno la decisión del Tribunal Supremo de suspender la decisión del Consejo de Ministros de aprobar la OPA de Gas natural sobre Endesa?, preguntó ayer Mariano Rajoy en la sesión de control e, inmediatamente después, pidió el cese de Montilla. El charnego ni parpadeó en el banco azul. Sabe que, aunque no va a suceder a Maragall, con el que no saben qué hacer en La Moncloa porque creen que está zumbado, aún es necesario.Para Montilla es un chiste que pidan su dimisión Rajoy, Acebes y Zaplana, pero no tiene ninguna gracia. El Gobierno no sabe salir de ese asunto tan feo, una patología en la economía, cuando la codicia de una compañía protegida ha roto los controles y los códigos.

El niño no tiene pinta de nacer felizmente a los nueve meses, ni tampoco parece que vaya a ser sietemesino. Mariano Rajoy acusó al Ejecutivo de hacer el ridículo en el juego de las OPA. El presidente del Gobierno tiene que cargar, según los analistas, con la tercera cagada de Miguel Sebastián, contra el criterio de Pedro Solbes. Zapatero le recordó a Rajoy que el Gobierno debe velar por el interés general en el sector energético.

Zapatero no dice nada de Navarra, ni de ETA, ni de la ferretería.Lo que le interesa es promover las leyes sociales, las de dependencia, las de igualdad; quiere convertir el Congreso y toda España en una guardería. Ayer, llegó a San Jerónimo un piquete de mujeres para tratar de conciliar la vida familiar con la laboral. Entre ellas estaba la jefa de IBM Amparo Moraleda, que empezó como becaria y ahora es superjefa y posible ministra. También estuvo la directora de la Fundación Mujeres, Marisa Soleto, una activista de la emancipación y de la conciliación entre trabajo y casa.Es la casacuna del zapaterismo.