La Coctelera

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27 Abril 2006

La Guardia Civil se cansa con razón de ser un cuerpo obediente y mal pagado, de Antonio Casado en El Confidencial

La sesión parlamentaria de control al Gobierno abundó ayer en temas dominantes de la agenda política (OPA, “proceso" y debate territorial), sin aportar novedades sustanciales. Por tanto, vale la pena ocuparse de un asunto que llegó ayer al Senado, donde el ministro Rubalcaba negó la crisis, y que entrará la semana próxima en el Congreso, si cuajan las iniciativas que prepara el PP. Todo ello, después de haberse escenificado el domingo pasado en la calle. Me refiero al malestar de la Guardia Civil.

Insólita la reciente manifestación de los guardias y sus familias en Madrid. Un aldabonazo en el rastro de otros datos precursores de la tensión, como la controvertida cifra de agentes en situación de baja psicológica. Oficialmente se sitúa por debajo de los 3.000, pero no hace mucho escuché cómo un alto cargo del Estado la multiplicaba por cuatro, aunque la retirada del servicio no siempre esté documentada.

Curiosa tendencia de las clases dirigentes a hablar en voz baja de la Guardia Civil. Refleja la mala conciencia del sistema por el trato dispensado a esta institución de la Seguridad del Estado y sus servidores. También recuerdo a cierto ministro del Interior diciendo que nunca expresaría en público su opinión sobre la Guardia Civil. ¿Tan mala era? No, todo lo contrario, y ahí está la clave del asunto.

Este ex ministro piensa, y pensaba entonces, que es un Cuerpo "obediente", "eficaz", "siempre disponible" y "muy barato". Era consciente de estar haciendo una cínica valoración del abnegado quehacer de estos servidores públicos. Y por eso se abstenía de divulgarla. No era un caso único. Todos los ministros del Interior y sus Gobiernos han querido mantener una Guardia Civil eficaz, obediente y mal pagada. Pero se le ha agotado la paciencia, a juzgar por el malestar canalizado por la Asociación Unificada de Guardias Civiles en nombre de la "Democracia" y la "Libertad", lemas invocados en su protesta callejera.

Modernización, actualización, dignificación salarial, desmilitarización del Cuerpo, mejora de sus condiciones de trabajo, ampliación de plantillas, etcétera, son reivindicaciones pendientes y siempre extraviadas en la excusa de las limitaciones presupuestarias. Suficiente para desactivar a un colectivo "civil" sometido a la disciplina "militar". Así fue siempre desde que, a mediados de los ochenta, el entonces ministro Barrionuevo sentó la doctrina del "descubrimiento" de la Guardia Civil por parte del PSOE.

Pero el halago y los cariños no dan a las familias para llegar a fin de mes, mientras los guardias trabajan a libre disposición durante las veinticuatro horas del día sin que aumenten las plantillas para cubrir las diversas prestaciones requeridas. No sólo en las carreteras, donde su presencia ha disminuido visiblemente, sino también en el resto de los servicios asignados.

El Gobierno Zapatero no se estira. Se compromete a cumplir su promesa de desmilitarizar la disciplina interna del instituto armado, pero guarda silencio sobre las condiciones de trabajo y las retribuciones salariales, sensiblemente peores que las de otros cuerpos policiales, incluidos los autonómicos y municipales. De este aspecto de la cuestión se va a ocupar el PP la semana que viene a través de las iniciativas parlamentarias que prepara la diputada catalana Alicia Sánchez Camacho.

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