Cada vez que hablábamos de política -que era siempre-, Carmen Díez de Rivera me decía:
- Pero recuerda, Umbral, que la ecología empieza por el minero silicótico.
Carmen tenía, además de talento, una rápida visión de la verdad política. Ahora, los nuevos socialistas de ojos claros, serenos, que han venido para quedarse, parece que se proponen escolarizar al mono, que, después del catalán y el andaluz, era la última raza o especie que colonizar. Esta iniciativa nos hace pensar que al Gobierno se le han acabado los planes de enseñanza y las ministras que los aplicaban. Como el mono es el último bachiller que queda en la selva, y además parece pacífico, leña al mono que es de goma. Ahora vamos a focalizar al mono con el filósofo Balmes, con el abrumador Menéndez Pelayo, que nunca entendió a Rubén Darío, y con otros sabios nacionales que se quedaron sin el Cervantes porque había que dármelo a mí.
Cuando Rousseau llega a la capital, descubre con espanto que la capital está llena de genios vivos y muertos, porque hasta los muertos te colocan un soneto en París. De modo que Rousseau se da media vuelta, vuelve a la selva y se dedica a culturizar monos, pues las otras especies le demuestran que ya estaban culturizadas.Las enseñanzas de Rousseau van quedando como carajillos y papeles sucios en la senda del filósofo, y de eso se alimentan los monos durante generaciones.
En realidad, casi todos los profesores españoles están en provincias enseñando o aprendiendo todo lo que dijo Rousseau, a cambio de un dinerillo que les da el Estado para que sigan manteniendo a nuestros monos sindicalistas en la ignorancia legendaria del agro mesetario, del que sabemos cuatro cosas por Azorín y Gabriel Miró, pero es dudoso que la rueda la inventase un mono. Para eso hay que tener un cerebro circular, como el de Ortega, pero también como el de Carmen Díez de Rivera, que después de ir a la peluquería mostraba el redondel perfecto de ese cráneo que se sacan los buenos geómetras y los peluqueros de Serrano.
Nada de esto veo yo en el mono sin afeitar, que es la especie que aquí se cultiva. Zapatero ha acabado con los nacionalistas y ahora quiere acabar con los monos de circo, que son los más monos. Cada uno enseña lo que sabe y este Gobierno ya no tiene nada más que enseñar. Se están ensañando con el mono porque ya no les quedan más matrículas de honor. Sólo falta que vuelva Rousseau y nos haga socialistas con lazo. Los derechos del mono hay que ponerlos sobre la mesa. Lo primero, el derecho a la enseñanza, que es el que está de actualidad.
El derecho a los matrimonios homosexuales y parejas de hecho son cosas en las que el mono nos sacó ventaja prehistórica hace años. Pero Zapatero es muy didáctico y no renunciará a la cultura sexual del mono, con grave crisis de su matrimonio, porque me temo que Sonsoles va a pasar mucho del tema. Las señoras ministras tienen todas algún diploma, salvo doña María Teresa, que los tiene todos. Si los legisladores buscan frondas para soltar en libertad a las señoras por el Retiro y otros parques, yo les aconsejo que se vengan a mi pueblo, que aquí somos cuatro y nos pasamos el día leyendo a Rousseau y charlando con Guillermo, el jardinero, de quien ya se ha hablado aquí.

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