Asturias y lo asturiano, de Laudelino Vázquez en La Nueva España
José Luis Campal, colaborador habitual de este periódico, denunciaba no ha demasiado el absurdo de que el Real Instituto de Estudios Asturianos, es decir, la esencia de la intelectualidad astur, impidiera la lectura de una tesis porque ¡estaba escrita en asturiano!
Campal es miembro del RIDEA y no un advenedizo como el arriba firmante, que podía escribir estas cosas guiado por el rencor, y lo traigo a colación no sólo por el interés del artículo, que lo tiene -y mucho-, se lo mento como síntoma grave de una enfermedad más grave aún: la nula importancia que damos a nuestra identidad, la despreocupada alegría con la que nos despreciamos a nosotros mismos, inconscientes de que vivimos en un estado dividido en «estadinos» que compiten entre sí por los recursos, y que identidad, cultura y lengua propia son valores añadidos , incluso para la cosa material.
Pero nosotros no, por suerte para los temerosos de que la España una (¿grande y libre?) se rompa, siempre quedará la Asturias pelagiana para salvarnos. Aun antes de que sea necesaria una segunda reconquista, la clase política mayoritaria de esta ¿región? ya se ha manifestado partidaria del tiento tranquilo. A los asturianos nos importa un carajo el Estatuto, han dicho los dos grandes partidos, y a nosotros más. Así que nada de reformas, nada de realidades nacionales, «Comunidad autónoma» y porque no hay «Distrito dependiente de la superioridad». Cuando se decidió que el día de la patria astur fuera el 8 de septiembre, el MCA llenó las paredes con uno de sus eslóganes geniales, que entonces parecía otra broma divertida: «En vez de autonomía, venid y vamos todos con flores a María» pintó alguien que se creía un rojeras con ganas de cachondeo. Alguien que no sabía que era profeta, y que su profecía, a día de hoy, ya se ha cumplido.
