¡CÓMO somos! A un periódico se le ocurrió decir que los socialistas quieren «derechos humanos» para los simios, y se armó la de San Quintín. Ya se ha escrito más sobre esto que sobre la «realidad nacional» andaluza. La verdad es que los socialistas sólo pretenden proteger el medio ambiente de los monos y eliminar su maltrato, su comercio y su uso en laboratorios, algo que, como ironizó Luis Ventoso, también se puede pedir para los pollos de Coren. Pero es igual: no dejes que un matiz estropee tan bella historia.
A este cronista se le ocurrió hacer un comentario comprensivo en TVE, y le llamó una espectadora: «Deseo que a usted le maquillen mañana como un chimpancé», idea que espero no llegue a mi maquilladora. En las tertulias se oyeron fogosas condenas de la iniciativa, al grito de «bastantes problemas tiene este país para que le vengan con la gilipollez de los monos». Hubo artículos que hicieron pasar a Zapatero «de Bambi a orangután». Y la Iglesia encontró dos nuevos argumentos para arremeter contra los irreverentes sociatas que se van a condenar: «El exceso de progresismo lleva al ridículo» (arzobispo de Pamplona) y «más derechos para los simios que para los fetos» (obispo de San Feliú de Llobregat).
Bueno, pues todo este clima de opinión todavía se puede agravar si lo llevamos al terreno político. ¿Qué ha pasado ayer? Que, mientras el PSOE se ocupaba de monos, Rajoy llevaba al Congreso furgonetas de firmas de humanos. Cuatro millones de firmas, con destino más incierto que el de los simios. La vicepresidenta De la Vega, que habrá autorizado ese auxilio al mono, se mostraba despectiva con las firmas de personas y se fijó sólo en los seis millones de votos que le faltaron a Rajoy. Probables sentencias de la derecha: a este Gobierno le interesa menos el pensamiento de un conservador que la jaula de un mono. Atiende el quejido de los monos, pero desoye la petición de millones de ciudadanos. O: este Gobierno protege el ambiente de los simios, pero se carga el espacio natural de los españoles, que es España. Al PP sólo le faltaba sentir celos de los monos.
Pues esto no hizo más que empezar. ZP tiene tal afán adanista, que quiere empezar otra transición a base de «hacer normal en la ley lo que en la selva es simplemente normal». Está tan seguro de sus avances sociales que no habrá animal que se libre. Es tan promotor de derechos que, una vez agotada la especie humana, los amplía al resto del reino animal. Y el gran disgusto para Rajoy: una vez reconocidos los derechos de los simios, ¿qué harán? Pues reunirse, formar un partido y decir que constituyen una nación. Por lo menos, una realidad nacional. Y otra vez a recoger firmas contra esa provocación.

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