De la cadena MTV ha salido un engendro peculiar donde los haya. Se trata de un videoclip musical que, seguramente, muchos de ustedes ya habrán visto: dos chicos y dos muchachas vestidos años sesenta, rama Opus Dei en plena y gozosa epifanía de los sentidos porque han salido de excursión organizada para ver a Santo Padre en el Vaticano, cantan una canción de la que decir es hortera resulta poco. El vídeo lo han pasado en todos los informativos, y ése es uno de los puntos preocupantes del tema, en mi opinión. Las imágenes nos muestran el cuarteto de marras poniendo carantoñas y posturitas. Eso es lo que hemos visto (y no me refiero por Internet, sino por la tele) aunque los comentarios que lo acompañan venían a decir que había una especie de «broma» al final. ¿Qué broma, cual que no sea esa estupidez que en sí misma es el vídeo? Porque el citado cuarteto de mozos y mozas es para echárselo a un grupo de skin-heads cabreados y ciegos de cerveza y ketamina. A ver, si al final de la canción el cuarteto fuese atacado por una familia de aserradores tipo La matanza de Texas, y los descuartizarán en un plis-plas, la cosa, dentro de la dinámica gore y absurda, aún tendría un cierto sentido.Vamos, hasta gracia. Sospecho que no es así, y que el absurdo obedece a la contemplación de tales mamones de aspecto ultracristiano yendo de picnic.
Entonces, si de lo que trata es justamente de eso, de que parece provoca tanta hilaridad y negocio ver a los susodichos haciendo el estúpido, llego a la conclusión de que la estupidez tiende a ser algo colectivo y somatizado. Podría ser un lema cartesiano: «de la estupidez únicamente se congratulan los estúpidos». De no ser, repito, que en el final del vídeo surja una animalada del copón bendito que justifique tanta nazmoñería y actitudes cursis con un buen revolcón. A menudo pienso que es en hechos de esta índole en los que se detecta que en el mundo en el que vivimos se está perdiendo el norte o el rumbo, o ambas cosas a la vez.

De la astracanada, del dislate de mal gusto (pongamos por ejemplo al Neng de Castefa) se hace algo que, de puro asumido, ya ni siquiera pueda ponerse entredicho, y mucho menos atacar frontalmente y con argumentos ideológicos. La cuestión se cierne así porque en el fondo del tema es moral. Ahí escuece la llaga.

Pongamos otro ejemplo de deleznable gusto estético-ético: ningún vídeo de Mojinos Escocíos (dudo si se escribe así, pero da igual) tendría eco alguno en la Red, en la maldita Red Cobertura Cerebros. Por el contrario, el vídeo de los piísimos jóvenes cantándole al amor ( sea por coña, o por morbo, o por lo que ustedes quieran) está a-rra-san-do. Ello significa algo. Que la fría contemplación de lo más grotesco y nauseabundo, de lo ridículo elevado a la enésima potencia, cuela y nos hace pasar un buen rato. A muchos, claro. Que la gente pierda su tiempo (un sólo minuto, un segundo de sus vidas) en ese vídeo y el «pásalo» de turno, me aboca a creer que no tenemos remedio.