Por fin lo hemos entendido todo, ya que el presidente Álvarez Areces nos había dejado bastante perplejos cuando, después de asistir este domingo al festejo de los dos años de Gobierno Zapatero, en Vistalegre (Madrid), explicó que la reforma de los estatutos de autonomía era un proceso «imparable, ya que a la idea de unidad de España se une la atención a la biodiversidad de las regiones».

Sí, sí, dijo «biodiversidad», y aquí vino nuestra confusión, porque pensábamos que ese concepto corresponde a lo que hace el consejero Buendía: proteger al lobo, reproducir al oso o velar por el urogallo, o sea, conservar la diversidad de la vida. Pues bien, afortunadamente, los responsables del proyecto «Gran Simio» presentaron ayer en el Congreso su propuesta de incluir a los antropoides no humanos (chimpancés, orangutanes, bonobos y gorilas) en una comunidad de iguales con el hombre, otorgándoles protección moral y legal y reconociendo su derecho a la vida y a la libertad individual.

Claro, lo hemos entendido todo porque lo que piden estos señores viene a ser un estatuto de los grandes simios y ningún país mejor que España, con buena parte de los estatutos patas arriba, para establecer los fundamentos de una gran nación primate.

Con la marcha que llevamos en este país, en cuanto se corra la voz de la realidad nacional simiesca, estará el terreno abonado para crear la nación delfinera, o la nación ballenera, animales inteligentes, sensibles, emocionalmente complejos, sociables, y cuasi parlantes, como los grandes monos, nuestros parientes. Por caber, también cabría una nación para las moscas del vinagre, con las que el ser humano comparte casi la misma base genética.

Así pues, queda abierta la veda o, mejor dicho, lo contrario: la protección de la biodiversidad de la que hablaba Álvarez Areces, merced a los estatutos de Zapatero. A ver si ahora el PP afloja y deja de bloquear el de Asturias.