Está visto que Darwin se está llevando el gato, o el mono, al agua, porque el PSOE acaba de presentar en el Congreso de los Diputados una iniciativa para que se les reconozca a los simios derechos similares a los del hombre. Cosa que aplaude con entusiasmo Marcello siempre y cuando esos derechos se extiendan también a los perros. Y como la cosa viene del grupo parlamentario socialista, bien podemos imaginar que el promotor de tan lustrosa iniciativa parlamentaria es Pepiño Blanco, que es muy mono, aunque le gusta hacer el osito, de la misma manera que a muchos de sus compañeros de pupitre, y también a los de la oposición, les encanta hacer de chimpacés. Imitando todos a la legendaria mona Chita de Tarzán, que luego resultó ser un mono (Cheeta) que acaba de cumplir 75 años y está como una rosa, o mejor dicho, como un clavel.

El que se va a poner contento con este proyecto de ley va a ser el mandril de la radio que te conté, que sigue desayunando con el as de bastos sobre la mesa para que todo el personal a la escucha se vaya calentito al trabajo. En fin, después de lo de Darwin, los descubrimientos del ADN y de las películas del Planeta de los Simios, sólo nos faltaba lo de la ley de igualdad de los monos y los hombres, y las monas y las mujeres para que no se enfade la ministra Carmen Calvo, la que armó un buen lío en una recepción del Rey porque no sabe de protocolo, que pregunte lo que le pasó a Pérez Llorca en Yakarta.

A Manolo Jiménez de Parga le llamaban “copito de nieve” cuando era ministro porque lucía una prematura cabellera blanca. Y desde que se murió el famoso gorila albino de Barcelona el Zoo de la Ciudad Condal, que hoy regenta el ex presidente del Barça, Joan Gaspar —que tiene aires de Manolete—, ha perdido muchos visitantes. Hasta el punto que el bueno de Gaspar se quejaba en Madrid en un almuerzo de lo mal que iba el negocio del Zoo por la pérdida de Copito. A lo que un empresario sevillano respondió: ¿por qué no metéis en la jaula a Carod? Una broma de gusto regular que irritó a don Joan, que a punto estuvo de dar por terminada la reunión.

Los monos, la verdad sea dicha, hay muchas veces que parece están a punto de hablar. Y mas valía que en ciertas ocasiones hablaran en lugar de los políticos. Por ejemplo, el Gobierno actual podría representar con bastante éxito la película Gorilas en la niebla, a la vista de su desconcierto actual con la tregua de ETA. Y el portavoz Moraleda bien podría ser el mono cantor y bailaor de El Libro de la Selva, aunque ahora al que se le ha puesto pelo y cara de Copito de Nieve es a Felipe González.

Lo que falta por saber, en esto de la política, los simios y Hollywood, es quién podría desempeñar el papel de King Kong. Zaplana y Rubalcaba no dan la talla, el primero más bien parece un orangután con el pelo cortado a navaja y el segundo el mono narizotas. Para llegar al nivel de King Kong habría que remontarse a Fraga, en sus días turbulentos, pero hoy no vemos a nadie en el rol de un aguerrido y enamoradizo King Kong que besa a las rubias y da zarpazos a la aviación. Zapatero parece más bien un mono araña de largos brazos, Rajoy al perezoso, y Aznar a un tití con bigote, fumando un puro y con los pies en alto.

Lo ven? Si echan al vuelo la imaginación llegarán a la conclusión de que hay parecido y similitud entre hombres y monos, de ahí que Pepiño Blanco tenga razón en lo de su ley de igualdad entre hombres y monos, y a ver si se prohíbe de una vez lo de leña al mono hasta que hable inglés o catalán, que diría Pujol. Hay, pues, que tratar los monos como a personas pero sobre todo no al revés porque también ocurre con algunas bestias henchidas de poder.