El Estatut o algo, de Norbert Bilbeny en La Vanguardia
En un programa de televisión se busca estos días la palabra más bella del idioma español. Yo propongo: algo. No crean que decir algo es decir poco. Digan muchas veces algo: ya es algo, o bastante, y hasta mucho, repetido así. Qué gran cosa es algo. Ver algo, ser algo, tener algo. Algo es nombre, pronombre, adverbio. ¿Qué inconveniente habría, además, en hacerlo adjetivo? "Es un pintor algo", "Vivo en un pueblo algo". A algo ya solamente le faltaría ser verbo. No lo es por estética, pero sí podría serlo por ética: no hay que despreciar que haya algo, valer algo. Algo, además, parece, pronunciada, palabra inglesa, o alemana. Pero también francesa o italiana. Apenas le falta nada a una palabra tan modesta.
Los defensores del proyecto del Estatut catalán aprobado por las Cortes dicen que su texto final es casi como el que el Parlamento catalán aprobó el pasado mes de septiembre.
"En un noventa por ciento", alardean los más entusiastas. Pero los críticos opinan que se reduce a apenas la mitad de lo aprobado en Catalunya, y quienes están en contra, por catalanistas, dicen que es tan poco el avance que representa que el Estatut es casi igual a nada. ¿En qué quedamos? ¿Cómo lo mismo, ese texto que pronto recibiremos en casa, puede presentarse tan distinto?
Es un auténtico lío para los ciudadanos que deberán escoger entre decir sí o no a este proyecto de Estatut, o simplemente no decir nada. Pero, cuidado: este Estatut ya es algo, como lo debe indicar el hecho de que para sus críticos no catalanistas vaya demasiado lejos, sea "demasiado". ¿Qué hacer, entonces, con algo? Parece metafísica, pero es la política.
Algo indica una cosa de identidad indeterminada, y, sin embargo, existente: "Quiero contarte algo". También significa una cosa pequeña. Pero, por lo menos, cosa es: "Ya tengo algo de dinero". Esto es lo que ocurre con el concepto de algo, que siempre representa lo menguado e insuficiente, pero a la vez indica, como consuelo de esta carencia, una conformidad. Porque se empieza diciendo que "más vale algo que nada" y se termina convencido de que "algo es algo", una forma discreta de decir que se es rotundamente positivo. El que cree que algo es algo no dice nunca que "la botella está medio vacía", sino que está "a la mitad de su contenido" y hasta "medio llena". Es como decir, también, que su contenido es suficiente o que por lo menos se está conforme con él.
Una vez más, a los catalanistas nos devuelven el Estatut recortado de Madrid. Y ya van tres. Hay como para devolvérselo. Pero la alternativa es aceptar este algo o quedarse igual que antes por bastantes años más. Para ello hay que prestarse a interpretar bien si algo es un poco, o bastante, o no del todo. O nada. Porque: ¿a cuánto equivale algo? Es difícil saberlo, porque no sólo es cuestión de medida, sino de gusto.
Y cada uno sopesará el Estatut a su gusto, incluso estando de acuerdo en su peso. Yo creo que, conforme a lo uno y lo otro, la mayoría de los catalanes coincidirán por lo menos en que algo es algo. No porque haya que conformarse con lo que hay. Sino porque, a pesar de su insuficiencia, es más de lo que había antes y no impide que pueda seguir habiendo más.
En tiempos de revolución o cambio la política puede querer el juego del o todo o nada. Pero en los de actividad democrática normal, la forma de escoger es sopesar en función de magnitudes y gustos. Es decir, se precisa aprender a deliberar. Pensar es eso: pesar, sopesar, y atreverse a escoger algo, como mejor que menos o nada.
NORBERT BILBENY, catedrático de Ética de la Universitat de Barcelona.
