SE conoce que en La Moncloa han cambiado de libro de cabecera. Después de Anselmo Carretero y su nación de naciones; de Pettit y su republicanismo cívico; de Zygmunt Bauman y su memoria histórica, alguien se ha debido de encontrar en los anaqueles algunos ejemplares amarillentos de Desmond Morris y de Edgar Rice Burroughs, y se los ha zampado ignorando que estaban algo pasados de moda. El caso es que el Partido Socialista va a respaldar en el Congreso el Proyecto Gran Simio, que solicita la elaboración de una carta que garantice a los primates la «protección moral y legal de que actualmente sólo gozan los seres humanos». O sea, una Declaración Universal de los Derechos del Mono. Juro que no estoy de broma.
Tampoco lo están, por lo visto, los promotores de la susodicha iniciativa. Gente de respeto: Jane Goodall (premio Príncipe de Asturias, ay), Joaquín Araujo y otros investigadores eminentes y, al parecer, perfectamente sobrios. No, Diane Fossey no firma porque se la merendaron los gorilas, en un gesto de ingratitud de lo más humano que viene a dar la razón a los postulantes, en el sentido de que nuestra especie comparte el 98,4 por ciento de material genético con estos primos hermanos. Razón por la cuál esgrimen la necesidad urgente de concederles una atención humanitaria de la que por el momento no disponen de hecho tres cuartas partes de la Humanidad propiamente dicha.
Esto debe de ser cosa de las sociedades ultradesarrolladas. Alcanzados unos niveles excelsos de bienestar, se nos va la olla y derivamos en esta clase de extravagancias. Vargas Llosa contó en un célebre artículo el calvario legal que sufrió en Inglaterra cierta joven que se olvidó, al marchar de vacaciones, de proveer de alimento a una ratita enjaulada, de nombre Ziggy. Pero esto de los primates sobrepasa los límites al comparar su inteligencia (la de los monos, no la de sus defensores) con la de los menores de edad y los discapacitados mentales. Ya puestos, deberían haber añadido que hay orangutanes con bastante más sensibilidad que algunos políticos... y no pocos científicos.
Parece, pues, que en su avanzado afán por proteger a las minorías y establecer un marco irreversible de progreso, el Partido Socialista se dispone a promover la igualdad de los hombres (y las mujeres, faltaría más) con los simios (y las simias). Debe de tratarse de que ya no quedan minorías que atender en la agenda de reformas legislativas, y que todos los ciudadanos españoles gozan de la protección adecuada de nuestro majestuoso Estado del Bienestar. Bueno, algún espíritu quisquilloso podría objetar que ciertos seres no nacidos acaso mereciesen la condición de personas antes que los mandriles, y que algunos padres (y madres) de familia heterosexuales quizá deberían tener prioridad sobre el clan de la mona Chita, pero se trata sin duda de residuos de la mentalidad reaccionaria anclados en el más rancio catolicismo. Gente del pasado, en fin, ajena al viento imparable de la modernidad. Esto no hay quien lo detenga: hemos pasado de Bambi a Tarzán.

Avance jurídico de primer orden... se ha descubierto que los simios son personas y sujetos de derechos...
Comentando con unos amigos el asunto del Proyecto Gran Simio... me contestaban que eso era imposible, que de qué iba, que no se le ocurre eso a ninguna persona equilibrada, que esde cuando un mono tenía derechos... yo les comenté que era verdad... que no es una figura de protección medioambiental... que se trata de crear un país de simios, en el que se muevan y gobiernen el territorio según su leal entender y sentir.
Les tuve que recordar que esto es progreso... que igual que Francisco de Vitoria y la escuela de Salamanca en el siglo XVI tuvo que luchar contra la incmoprensión y la exclavitud para demostrar que los negros eran humanos... ahora nuestro Presidente, siguiendo esa escuela, y desde que un simio le dió la mano en un miting político, prometió muy en serio que incluiría en el programa electoral del grupo socialista una ley que les diese, por fín, derechos, inclusive el del voto y decisión en la política de la nación, la posibilidad de formar un grupo mixto con un 25% de hombres, 25% de mujeres, 25% de indefinidos y 25 % de monos, en el Congreso... además de exigir que para las próximas elecciones la ley de paridad incluya un porcentaje similar de simios en listas.... hoy se habla del resurgir de la Escuela de Salamanca por el preclaro Presidente que dió, por fin, categoría de persona a los simios del planeta tierra... y en lo más intrincado de la selva, hay una estatua suya coronado, dando una banana a un niño simio que le sonríe embelesado.