Más de un analista ha dicho que la crisis política que vive Nepal recuerda a la que Irán sufrió en 1979 y que dio paso al régimen de los ayatolás. En este caso, sería el poderoso movimiento maoísta nepalí, cuyas guerrillas controlan buena parte de las zonas rurales del país, el que podría hacerse con el poder si la creciente movilización ciudadana expulsa al rey Gyanendra. De ahí el apoyo que Estados Unidos, la India y distintas cancillerías europeas prestan al monarca que, en clave interna, sólo cuenta con las Fuerzas Armadas y con la policía.
Isabel Hilton ha criticado duramente esa implicación extranjera en THE GUARDIAN: "Nepal, con sus 28 millones de habitantes, está al borde de un colapso que tendría serias consecuencias en toda la región. La India, EEUU, China y Europa presionan en la sombra, tratando de influir en una compleja situación. Esa intervención es poco afortunada. El rey es un déspota. Pero más de una potencia extranjera cree en la solución militar para impedir el triunfo de los maoístas. Cuando Gyanendra llegó al poder, una procesión de 'expertos en seguridad' norteamericanos visitó Nepal para convencer al rey y al Ejército de que había que declararles la guerra: muchos comentaristas indios ven el cambio de actitud de su primer ministro sobre el asunto como una consecuencia de la nueva alianza estratégica entre EEUU y la India. Activistas nepalís han declarado que Nueva Delhi 'ha de escuchar al pueblo nepalí en lugar de establecer acuerdos secretos entre la India y los norteamericanos'. EEUU y Europa deberían atender ese mensaje. La salida para la crisis es que el rey se vaya y que se establezca una democracia total que incluya a los maoístas". Lo paradójico es que Pekín no ve con buenos ojos esa solución, pese a que China haya el sido el referente ideológico y el sostenedor del citado movimiento maoísta. Una vez más, parece que los intereses de Estado --evitar la desestabilización de un país con una posición tan estratégica como Nepal-- y los comerciales pesan más que los afectos ideológicos.
Para seguir con China, citaremos el artículo que el analista económico oficial de LE MONDE dedica a la visita de Hu Jintao a EEUU: "¿Se puede evitar el proteccionismo chino? ¿Es reformable China? Los europeos no deberían quedarse fuera de este debate. Su silencio puede entenderse como que han dejado la solución del mayor problema económico que hoy tiene el mundo en manos de los otros dos protagonistas. Como los intercambios europeos con China están más equilibrados que los norteamericanos, las tensiones proteccionistas son menores y como se teme el hundimiento del dólar, los responsables europeos callan sobre el tipo de cambio chino. Pero si tuvieran una diplomacia económica, los 25 deberían reivindicar un papel de árbitro. Dirían a China que tiene que cambiar, que revaluar, ... y dirían a EEUU que su modelo de crecimiento a costa de China es una amenaza para todo el mundo. Pero Europa sólo expresa un silencio mortal".
Y otra nota sobre proteccionismo: el CORRIERE DELLA SERA ha tirado con fuerza contra los relevantes representantes de la coalición que preside Romano Prodi que han criticado la fusión entre la española Abertis y Autostrade argumentando que las autopistas italianas no deben caer en manos extranjeras.

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