En su particular alderdi eguna de Vista Alegre, el líder del PSOE y presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, apeló ayer a la valentía como condición para "construir la paz". No se atrevió a hablar de "la paz de los valientes" por no pagar derechos de autor (Acuerdos de Oslo-1993, un gatillazo, por cierto), pero seguro que la evocación de aquel apretón de manos de Arafat y Rabin en los jardines de la Casa Blanca, acudió a su cabeza al emparejar los conceptos de “valentía” y “paz” respecto a la desaparición de ETA, que es un proceso abierto y pendiente de verificación en su primer paso (alto el fuego).
Hay que ser valientes para construir la paz en el País Vasco, vino a decir Zapatero, apenas veinticuatro horas después del primer sobresalto serio en el mencionado proceso de verificación (atentado terrorista en Pamplona sin daño a personas). La propuesta está llena de trampas verbales, como todo en esta historia que unos llaman “proceso de paz” y otros "proceso de solución del conflicto”.
Hablar de “construir” la paz tiene sentido si dos partes están en guerra, en abierto conflicto armado o en una respectiva utilización de la violencia para defender posiciones contrapuestas en un determinado conflicto. Pero entre quien la utiliza unilateralmente y quien la padece, en un régimen de libre circulación y defensa de todas las ideas, no hay nada que construir. Entre quien pone la nuca y quien pone la pistola, solo cabe esperar que el pistolero baje el brazo y tire el arma.
¿Por qué Zapatero apela a la valentía, e incluso a la generosidad, para “construir” la paz en el País Vasco? Sólo puede entenderse si, como los nacionalistas en su doble versión -ya saben, el que gobierna y el que acojona-, el presidente del Gobierno entiende que hay dos partes enfrentadas en el ejercicio de la violencia a causa de un viejo conflicto de raíces históricas, cuyo feliz desenlace requiere de ciertas concesiones. ¿Está dispuesto a retribuir la renuncia al asesinato, la extorsión, los estragos y el secuestro, en la parte de quienes los practican?
Es la pregunta del millón y la mosca instalada tras la oreja de millones de españoles que quieren echar a ETA de sus vidas pero no de cualquier modo. Y no siempre se quedan tranquilos oyendo la banda sonora que Moncloa le pone a la cuestión. Cierto que Zapatero también habló de "firmeza" en su soflama de ayer. Lo dice pero no lo practica. Más firmeza, también en el lenguaje, es lo que echamos de menos. No se puede despachar el atentado de este fin de semana contra la ferretería de un concejal de UPN en Barañain (cuatro hospitalizados y cincuenta viviendas afectadas) recordando que vivimos en una democracia donde caben todas las ideas siempre que no se use la violencia.
También se quedó en la obviedad el ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, al declarar en una primera reacción oficial que lo de Barañain es “incompatible con el alto el fuego”. Vaya descubrimiento. Pudo habernos dicho al menos si es incompatible con la legalización de Batasuna. Pero no. Ni una palabra. Ni una palabra tampoco, hasta el momento, sobre las consecuencias que el atentado puede tener en la marcha del “proceso”.
Según Rubalcaba, “todo parece indicar de se trata de un acto de kale borroka”. Y volvemos al principio. De nuevo, el lenguaje, y perdonen que sea pesado ¿Se da cuenta Rubalcaba de que el ministro encargado de detener a los terroristas no puede usar su lenguaje? Quiero pensar que ha sido un lapsus.

El atentado no fue en Pamplona, sino en Barañaín (Navarra). Escasa crecibilidad la de un crítico que confunde la comunidad con su capital, porque su ignorancia puede ir más allá.