Cuando alguien que no figura en ninguno de los listados previos para ocuparse de la cartera de un Gobierno accede al cargo después de que fracasen los sucesivos intentos del presidente del Ejecutivo de convencer a otras personas se suele hablar de él como un ministro -en este caso conseller- por accidente. Nada más lejos del caso del republicano Xavier Vendrell (Sant Joan Despí, 1966), que, aunque no figuraba entre los candidatos a ocupar las plazas de los consellers de Esquerra destituidos por el president Pasqual Maragall, el viernes juró su cargo como conseller de Governació i Administracions Públiques. Para Vendrell habría que acuñar una expresión nueva del estilo de conseller por despecho. Es evidente que a los dos principales responsables de Esquerra Republicana, el presidente, Josep Lluís Carod-Rovira, y el secretario general, Joan Puigcercós, les molestaron particularmente las formas elegidas por Pasqual Maragall para llevar a cabo la remodelación de su Gobierno. En el caso de Joan Puigcercós, además, fue especialmente sangrante porque uno de los consellers destituidos, Joan Carretero, era un destacado hombre de confianza del secretario general de los republicanos.
De ahí que, cuando Maragall exigió a los máximos dirigentes de ERC un nombre para sustituir a Carretero, Puigcercós se mostrara inflexible a la hora de forzar el nombramiento del que, durante los últimos años, ha sido su mano derecha en la organización del partido.

No se trataba sólo de una imposición a Maragall. También era un claro mensaje a Carod. Puigcercós, el hombre que controla férreamente el aparato del partido, no piensa renunciar a su cuota de poder en el Govern. Aunque ello suponga convertir en conseller a alguien a quien la Fiscalía investiga por coacciones.¿O los fines de Puigcercós son de mucho más largo alcance y tienen que ver sólo con ERC?