Hoy se cumplen 25 años de la muerte de Josep Pla. Su obra, no obstante, resulta más vigente que cuando él vivía. Julià Guillamon publicaba en nuestro último Cultura/ s un excelente informe sobre la abundante bibliografía que está suscitando. Y el público lo sigue, aunque no parece que sea el joven ni el sensible a los prestigios de moda, pero éstos son territorios a los que la literatura catalana no llega o donde ha retrocedido, afectada por la crispación interna del catalanismo y por resultar secundaria en su propio ámbito. Vitalidad la de Pla, sin embargo, que no parece gozarla ningún escritor en castellano digamos semejante, un Cela o un Cortázar, a excepción de un Borges que supera a todos con su creación de arquetipos y así alcanza proyección universal.
Acaba de aparecer otro libro de Pla, La Segunda República española aunque éste hubiera sido contrario a Catalunya, decía-, que garantizaban la estabilidad monetaria, el orden y las obras públicas.
Pero Pla no era único. Una característica del pensamiento conservador radica en que incuba un temor visceral a todo cuanto se mueva y cambie, y entonces deriva en reacción. Así, al marxismo que hacia 1950-60 colonizaba el mundo cultural de la Europa latina con sus memos astutos, sólo se le enfrentaban algunos intelectuales de derecha como en Francia Aron o Revel, aunque su inteligencia fuera menor que su temor y creyeran como los comunistas que se acercaba el fin de la Europa decadente,lloriqueaban. ¡Y el imperio moscovita se hundió solo a los pocos años! Pla era de esos, lúcido pero confundiendo la evolución con la revolución.

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