La semana arranca republicana en tierras de Grao y acaba revolucionaria y nostálgica al son y al sol de Cuba

Entre dos mundos

Jueves, 13 de abril

Las variaciones de Goldberg

¿A dónde nos lleva la música cuando la escuchamos de verdad? Me refiero a ese estado de conciencia invadida que se produce cuando todo nuestro pensamiento se transforma en las leves notas delicadas de una sinfonía. No, no soy un melómano; alguna vez he dicho que de irme a una isla desierta podría marcharme cargado de libros (al menos uno que comprendiese muchos) pero que, seguramente, no echaría demasiado de menos la música. No mentía aunque eso no quiere decir que no sea capaz de disfrutar de este placer inexplicable -el pensamiento dando saltos en el vacío abstracto de una emoción-. Hoy que vuelvo a escuchar las variaciones Golberg, tarareadas por Glenn Gould, todo se me vuelve, a la vez, elegía y emocionada endecha: el desorden de mi despacho, las imágenes de Klimt que reposan sobre la mesa, los libros que no he de leer hasta más tarde disponen entre sí una armonía no prevista. La música descubre la íntima unidad de todas las cosas.

No hay nada más delicado, nada más alegre, nada que dibuje el vacío un concepto sentimental tan fuerte como estas variaciones de Bach. Hacía años que no las oía: no las eché, es cierto de menos; ahora no me explico cómo he podido vivir sin recordar que también la materia de mi corazón, en un tiempo tan remoto que no se puede concebir, formaba parte del latido de una estrella.

Viernes, 14 de abril

Primavera republicana

Me he venido a Grao a recordar que en 1931, este mismo día, floreció en España la primavera republicana. En la plaza del ayuntamiento, recoleta y única, se reúnen los cómplices que han venido de Uvieo, Avilés, Cangas y Xixón. Izquierda Unida convoca este acto que todos los partidos políticos deberían apoyar: no en vano es la historia de todos la que hoy se celebra. José Sierra, el alcalde de la villa, pronuncia su discurso y recuerda unas emocionadas palabras de Antonio Machado sobre aquel día de abril en el que se subió, con unos cuantos viejos republicanos, al balcón del ayuntamiento de Segovia a izar esta misma bandera tricolor que hoy veo desplegarse en el aire azul de una nueva esperanza. Es un día muy hermoso: Gaspar Llamazares, que pasaba por aquí camino de Ferrol, me dice que le sigue extrañando el revuelo mediático que se monta cada vez que alguien defiende que el Jefe del Estado debe de ser elegido democráticamente.

-¿Y eso que vivimos en una democracia!- dice alguien con sorna.

Sí: vivimos en una democracia que por supuesto podemos perfeccionar en uno u otro sentido según los ciudadanos decidan. Escribo esto y, no sé por qué, me quedo pensando en la pensión donde vivía en Segovia don Antonio Machado. Ya había escrito 'Campos de Castilla' y su celebridad rondaba todas las plazas de España. Sin embargo, vivía en una habitación triste, modestísima, la que se podía pagar con su sueldo de profesor de francés. La patrona se espantaba cuando lo encontraba, en pleno invierno, con las ventanas abiertas de par en par a la Calle de los Desesperados. «Las abro para que salga el frío», decía el poeta y supongo que se reiría, tiritando, de su propia gracia embutida en un abrigo desgastado. Ya se le reconocía como un gran poeta y hoy, que sabemos que fue uno de los más grandes escritores de la lengua castellana, aquella forma de vida suya no puede darnos más que una lección de humildad: una humildad necesaria, seguramente, para entender que las formas condicionan el fondo y que las coronas, tan pasadas de moda, le afean el tipo a cualquier muchacha por bella que sea.

Sábado, 15 de abril

La canción de Sonia

Sonia me dice que no hay ninguna canción que lleve su nombre. Me río de la ocurrencia y me lo demuestra: hay Yolandas, Penélopes, Maruxinas y Susanas.

-¿Susanas? -pregunto.

-Sí, la 'Suzanne' de Leonard Cohen. Por haber, hay hasta Eva Marías. Pero Sonias...

Me río, me levanto del sofá, enciendo el ordenador, y escribo, sin pensarlo mucho, un poema. «Para mi amor querría un río /que atravesase la palma de su mano, / un rumor de agua que entremezclase / memoria y deseo y los jacintos / que crecen al borde del abismo. / Para mi amor, hoy, estas palabras torpes / y un secreto: / todas las canciones / le dicen su nombre / a mi corazón. Lo titulo 'La canción de Sonia', lo imprimo y se lo doy.

-Mira, ya tienes una -le digo.

Lo lee y me dice: «Exagerado».

Domingo, 16 de abril

Un dios mejor que yo

Catulo, seguramente impelido por alguna dama romana seca como un higo, defendía sus versos obscenos diciendo que «el poeta debe de ser casto, pero no los versos que escriba»; muchos siglos más tarde, Fernando Pessoa escribía «Sienta quien lee», recordando que entre los motivos que han de dirigir a un escritor no están los de conmoverse, si no los de conmover al lector. Chejov pensaba lo mismo. En el libro 'Sin trama y sin final. 99 consejos para escritores', que apareció no hace mucho en Alba, comenta el ruso en una carta a Lidia Avílova: «Se lamenta usted de que mis personajes sean tristes. ¿Ay, no es culpa mía! Me salen así sin querer; cuando escribo, no tengo la impresión de que mis historias sean tristes; en cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Como es bien sabido, la gente sombría, los melancólicos, escriben cosas alegres, mientras que la gente jovial suscita melancolía con sus escritos. Ahora bien, yo soy una persona jovial; por lo menos en los primeros treinta años de mi vida me he divertido de lo lindo, como suele decirse».

Tampoco yo soy capaz de escribir -aunque escriba cosas muy tristes- cuando estoy triste. No se puede escribir sin entusiasmo: no puedo escribir sin que un dios, mejor que yo, se mueva en mí.

Lunes, 17 de abril

Ciudad presentida

Tenemos de las ciudades que no conocemos, pero de las que sabemos algo por libro o porque nos las han contado en lentas tardes de café, tenemos una imagen precisa, primigenia, que se muere (se diluye como la nieve ardiente en la memoria) al primer contacto real con la ciudad presentida. Yo no conozco Osaka, pero algo he leído en los poemas de Matsuo Basho que me han hecho comprender sus desoladas calles en el invierno. No conocía Roma si no era por los versos de Eugenio de Andrade y cuando pisé por primera vez la Via Apia quise que la luz se volviese piedra como en el poema. No conozco La Habana: la conoceré este jueves. Sé que cuando llegue allí todas las imágenes que crearon las páginas de Virgilio Piñeira, de Lezama Lima, de Antón Arrufat se disolverán en la realidad inmediata. Mi abuela, que nació en El Pozito de Marianao, me habló de esta ciudad tantas veces que he ido componiendo en la memoria una imagen ideal, una imagen que no digo que no sea verdadera: algo así como la carcasa de un objeto precioso que desenvolvemos para tenerlo entre las manos olvidándonos de la carcasa y del deseo de tenerlo. Sí, es cierto: también se pierde cuando se gana.

Martes, 18 de abril

La memoria pintora

Lino, el gran Lino G. Veiguela, me ha descargado el emule en el ordenador. Me he bajado por internet 'Siberiada', una película-saga de Konchalovschy que dura cuatro horas y que vi por la televisión con mi hermana Maya hacia 1981. Nos entusiasmó: es la historia de una familia, y la historia de Rusia, desde los primeros años del siglo XIX hasta la revolución de Octubre. O eso recuerdo. En aquel entonces nos entusiasmó: yo la recordaba, muy vivamente, en color. Pero esta copia que me he bajado por internet está en blanco y negro. Me pongo a buscar una copia buena y de repente caigo: en 1981, en casa, sólo teníamos un televisor en blanco y negro. Los colores, como tantas otras cosas, se los he puesto yo.

Miércoles, 19 de abril

Historia de una muñeca

Hablo con mi abuela por teléfono. Hace dos días cumplió 85 años. Me desea suerte en mi viaje a Cuba. Ella nació en La Habana y conserva de aquella ciudad algunas luces que yo he heredado. La familia tenía en El Pozito una carnicería. Hoy, para ella, todo se vuelve fábula. Me habla, como tantas otras veces, del rumor de agua en la esquina, de una amiga que se llamaba Escarabajo... Me dice que vaya por allí y que pregunte. Tal vez Escarabajo sepa dónde está aquella muñeca que dejó abandonada en la casa cuando se volvieron para Asturias hace 79 años, aquella muñeca que tenía los labios rojos como una herida abierta y que sigue, a través de los años, sonriendo.