La generalización de la lectura constituye una de las conquistas más importantes de la historia humana. La difusión de la lectura literaria se empareja en trascendencia a los grandes avances científicos y tecnológicos en cuanto a sus efectos positivos para el progreso de la Humanidad. Si el conocimiento de las letras hubiera quedado en manos de las castas sacerdotales que lo monopolizaron en una larga etapa de la Historia, habrían sido muy improbables muchos avances. Pero la invención de la imprenta, primero, y más tarde el acceso de las clases populares y obreras a la lectura han sido motor fundamental de las transformaciones sociales y políticas que persiguen la utopía de un mundo justo y libre.
La lectura forma parte del patrimonio más preciado de las sociedades democráticas. Nadie, salvo los totalitarismos religiosos y políticos, ha dejado de reconocer su importancia y de celebrar el valor del libro, su soporte básico hasta la fecha. La lectura, vehículo capital del librepensamiento, ha hecho además dos grandes aportaciones a los individuos desde hace 500 años: enriquecimiento intelectual (ha servido de gran canal para conocer el mundo) y entretenimiento.Insisto: fue fuente principal de conocimiento (algo más amplio que la simple instrucción) y placer, y sus otras funciones como ofrecer arquetipos de conducta o añadir prestigio social tienen importancia secundaria. Pero desde hace un tiempo, esa función la viene compartiendo con dos soportes alternativos al libro, el cine y la televisión, y ahora está siendo desplazada por Internet y las nuevas tecnologías.
Los espectaculares cambios recientes de todo tipo en las sociedades occidentales suponen una modificación revolucionaria en el papel de la lectura, al punto de haberse despertado una tímida concienciación colectiva que suele manifestarse en forma de queja o de alarma sobre su porvenir. Muchos piensan que va camino de convertirse en un hábito residual; unos manifiestan sin más posturas apocalípticas y otros lo consideran un signo irreversible de una nueva etapa histórica al que hay que plegarse sin quejas, incluso con complacencia.
De este modo, tiende a simplificarse un asunto bastante complejo y problemático. Hay más generalizaciones sostenidas en vaguedades que realidades bien fundamentadas. Parecer muy peligroso es el que considera la lectura casi como una obligación para ser un buen ciudadano. Esta postura desprecia lo fundamental: que la lectura debe ser un acto de libertad, asumido tras conocer los efectos de esa opción, y no censurable en quien adopte la contraria.Un sector importante de la población (y no sólo los jóvenes) encuentra tanto el conocimiento como la diversión en la Red y en la última tecnología, que además sirve como un poderoso medio de comunicación.
No es de ninguna manera verdad, por otra parte, que la lectura se halle en un grave riesgo. Nunca en la Historia se ha leído tanto, ni en términos absolutos ni relativos. Los agoreros no ayudan nada a la causa. Recuérdese que, a finales del XIX, el analfabetismo rondaba en España el 80% de la población. En cambio, hoy lee mucha gente. Un solo dato: en los meses que lleva funcionando el préstamo de libros en las estaciones de metro, organizado por el Ayuntamiento de Madrid, andan expedidos alrededor de 15.000 carnés.
El problema está en llevar a la conciencia la utilidad o los beneficios de la lectura, y facilitar su práctica, superando una de nuestras grandes asignaturas pendientes: la ausencia de una buena red bibliotecaria. Sobre esta base tendrá sentido el siempre reclamado estímulo a la lectura en la escuela. Pero, ¿qué lectura? Este es un punto de capital importancia, cuyo comentario requeriría un buen espacio. Las obras clásicas sirvieron para fundar un sentimiento nacional en su momento, pero no son hoy, en general, oportunas, aunque a alguien esto parezca una herejía.Ortega veía inadecuada la lectura del Quijote y tenía razón.Habrán de ser obras que produzcan gratificaciones inmediatas, incluso si no son refinadas. Y la lectura habrá de hacerse buscando el interés que la anécdota o los conflictos presenten. De ninguna manera como un complemento del saber histórico o cultural o como ejercicio de análisis abocado a la propia escuela.
La lectura, hoy, afronta serios dilemas, pero no es una especie en extinción. Sólo requiere que se lleve a la convicción de una sociedad de masas pragmática que la literatura (porque de eso hablamos) aporta beneficios cuantiosos que se pierden quienes lo ignoran.

Escribe un comentario